lunes, 12 de marzo de 2012

La compleja realidad de un territorio sumido en la pobreza


 El Chocó se lo están repartiendo a pedazos

En realidad el tratamiento que desde Bogotá le han dado el Chocó es muy similar al que la metrópoli  española le daba a las colonias. En el peor de las circunstancias ha sido gobernada como si se tratara de una empresa comercial.

Por Carlos Victoria (*)
Muchos de los 30 municipios del Chocó todavía viven como si fuese el siglo XIX. Sin energía, sin agua potable, sin alcantarillado, sin vías de comunicación, y lo peor: la figura del Estado Nación es una quimera. Está todavía en el papel. De no ser por los paros de todo tipo,  las pocas obras de infraestructura no existirían y menos la inversión social. El Chocó de hoy es el resultado de los avatares y las reacciones espasmódicas de los gobiernos de turno. No hay institucionalidad que valga. Ni los consejos comunitarios, ni los resguardos indígenas ni mucho menos las autoridades gubernamentales tienen el control de las decisiones en el territorio. Es la constante histórica.


En realidad el tratamiento que desde Bogotá le han dado el Chocó es muy similar al que la metrópoli  española le daba a las colonias. En el peor de las circunstancias ha sido gobernada como si se tratara de una empresa comercial. Los encomenderos de hoy son las transnacionales de la minería a los que la Nación les ha concesionado miles de hectáreas para extraer metales preciosos y recursos madereros, como lo constata el escándalo por la explotación de la selva en Bahía Solano concesionada a una firma canadiense, y la usurpación de tierras a campesinos para la expansión de la Palmicultura en el Urabá Chocoano. El Chocó se lo están repartiendo a pedazos.

Según denuncia la Federación Minera del Chocó, mientras el gobierno criminaliza la actividad minera tradicional, por otro lado ha entregado en concesión vastas zonas a trasnacionales, en territorios de resguardos indígenas y de Ley 70.  Bajo el título “El mapa del despojo”, la asociación de pequeños mineros denunció cómo se cedieron 127 mil hectáreas a las empresas multinacionales la Gold Ashanti, y  Condoto Platinum Limited (PCL). A los indígenas  y comunidades negras nunca se les consultó que se iban a desarrollar proyectos mineros. Y tan solo esta cifra es para dar cuenta lo que sucede en Bebaramá, en el Medio Atrato.

Por su parte la Asociación de Cabildos Indígenas del Chocó ha sido reiterativo en sus denuncias sobre las estrategias que emplean las compañías extranjeras para hacerse a los títulos mineros. En la actualidad se están tramitando solicitudes de concesión por casi tres millones de hectáreas, lo que representaría  no menos del 60 % del territorio chocoano. La lista la encabeza Anglo Gold Ashanti, Anglo América y Rio Tinto de capital inglés, y la firma brasilera Votorantim. Como en otros mercados el pitufeo es evidente: la estrategia consiste en fragmentar las empresas en otras tantas para hacerse menos notorias. En resumen: tan solo la Anglo Gold Ashanti tiene en su poder 92 mil hectáreas de títulos para la explotación minera por 30 años, y las cuales fueron entregada por el gobierno de Uribe en el 2008.  

Parece que el tiempo se hubiera detenido en "el Chocó que Colombia desconoce", como lo describió Gabriel García Márquez hace más de medio siglo en unas crónicas periodísticas que denunciaban la marginalidad del departamento. En medio del reciente paro armado que bloqueó ríos y vías, el Departamento Nacional de Planeación, ratificaba que junto al Cauca y la Guajira, el Chocó encabeza la lista de los departamentos con mayor pobreza en todo el país. Es una paradoja no obstante ser el único departamento que posee dos Océanos, una biodiversidad amenazada por las explotaciones mineras y forestales, y una cultura de la cual depende la identidad interétnica.


Las cuentas que hace el columnista Albeiro Moya Mena sobre la pobreza son estas: “El Chocó posee los índices de pobreza más altos del país. Según las necesidades básicas insatisfechas, ésta ha aumentado a un 62.2% y la miseria presenta un índice del 23.5%. De otra parte, la pobreza por ingresos registra un índice del 75.3% y la indigencia es la mayor del país con un porcentaje del 47.4%. Además, posee el nivel más alto de analfabetismo de todo el país con el 23.3%. Por último, el índice de condiciones de vida sólo llega al 55.3%”. Los datos vienen al caso porque, finalmente, esta es la herencia que recibió el pueblo chocoano después de 70 años de explotación minera de la compañía norteamericana Chocó Pacifico S.A., tras una concesión otorgada por el gobierno en 1880. Como se puede observar el dominio del capital extranjero sigue siendo un rasgo del exterminio, la expropiación y la miseria.

Durante el gobierno de Uribe, el ex senador risaraldense Juan Guillermo Ángel Mejía, en calidad de consejero presidencial para el Chocó, recomendó la disolución del departamento tras considerarlo inviable desde todo punto de vista. Antes de terminar ese mandato la justicia colombiana condenaba a dos de los jefes políticos que por décadas atenazaron el poder regional. En su confesión alias  ‘El Alemán’ le explicó a la Corte que “sí se hicieron alianzas y pactos con varios de los políticos del Chocó para llegar a diferentes cargos públicos, como el Congreso, alcaldías o la Gobernación”. Diversos diagnósticos coinciden en achacarle a la clase política chocoana su responsabilidad en los indicadores que degradan la condición humana en esta parte del país.

A la ancestral fiebre del oro, se suma ahora la boom de las regalías. El riesgo de corrupción es inmenso, y el actual gobernador Murillo, un líder que se ha rodeado de un selecto staff de tecnócratas afroamericanos ha prometido absoluta transparencia y eficiencia en el uso de esos recursos. La expectativa es inmensa en un territorio donde las elecciones son amañadas y la gestión pública se ha caracterizado por la corrupción y la ineficiencia. Otro tanto, desde la Ruta Q, busca Zulia Mena, la alcaldesa de Quibdó que logró derrotar a la maquinaria política en las elecciones de octubre de 2011. Mario Díaz, uno de sus asesores  subraya que “la comunidad internacional debe presionar para proteger el medio ambiente”, a merced de diversidad de intereses.

Durante el acto de conmemoración de los 40 años de la fundación de la Universidad Tecnológica del Chocó, uno de sus fundadores - el abogado Jesús Lozano  - desató los aplausos del auditorio tras afirmar con vehemencia que los “chocoanos lo único que tenemos es tierra”. Llamó a defender el territorio, porque a través de la historia ha sido el bastión de la libertad del pueblo chocoano, la cual está hoy bajo amenaza no solo porque en Bogotá residen 50.000 chocoanos expulsados por la violencia y la falta de oportunidades, sino porque la voracidad del “boom minero” parece incontenible. En Quibdó se estima que subsisten 54 mil desplazados.

Desde el Foro Chocoano pro-salida negociada del conflicto armado colombiano sostienen que  “el Chocó ha sido victimizado por los intereses y agendas de los actores armados que se profundizan desde mediados de la década del noventa, coincidiendo con la primera adjudicación colectiva del territorio para comunidades negras en el bajo Atrato”.  El  pasado miércoles 7 de marzo, unos cuantos ciudadanos desafiaron el paro armado y salieron a las calles de Quibdó no a demandar más pie de fuerza, sino a buscar respuestas en medio de un contexto endurecido por las diversas expresiones de un conflicto de alta complejidad.

Como sostiene Hobsbawm (2011) el Chocó es una sociedad multiétnica basada en la comunidad y la cooperación, y no propiamente en la competitividad que pregona el neoliberalismo. Este factor poco a poco viene desapareciendo tras la nueva oleada colonial de la globalización capitalista que, como se observa en otras culturas, destruye las viejas formas de vida y las relaciones humanas sin proporcionar alternativa alguna. Por ahora no es suficiente la resistencia étnica y social. Es clave, como se escucha desde los pasillos de la Alcaldía de Quibdó, que los chocoanos puedan tener una idea propia de desarrollo. En esa perspectiva la biodiversidad y la cultura  están en un costado de la balanza, en el otro fiel  está la “civilización” y ya sabemos qué diablos significa.

11 de marzo de 2012

(*) Editor del blog Agenda Ciudadana

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