domingo, 31 de enero de 2016

Opinión. Rubiela, Isagén y Otálora: lo ocurrido en enero de 2016


Colombia, tierra de indignaciones fugaces

Por Santiago José Mena Cárdenas (*)
Hemos sido testigos en las últimas semanas de sucesos que a todas luces son indignantes, eventos que en cualquier otro país del globo terráqueo ocasionarían repercusiones de un tono inmenso, situaciones que deberían producir un movimiento institucional y social abrumador, pero no, Colombia da cátedra de situaciones que causan indignación de un día: al otro ya son parte del olvido.

Habría que empezar con la situación más indignante que se ha presentado en este inicio de año, un evento que hace una fiel representación de lo que miles y miles de colombianos tienen que sufrir para poder recibir atención en salud, esto fue el caso de la señora Rubiela Chivará, quien falleció en el exterior de una de las estaciones del sistema Transmilenio, producto de un infarto cardiaco, mientras intentaba que le programaran una cirugía que necesitaba urgentemente.


Lo sucedido con la señora Chivará es muestra del perverso sistema de salud que tienen miles de colombianos. Un sistema de salud a todas luces ineficiente, burocrático en todos sus niveles, en el que el humanismo no existe, se privilegia la capacidad de pago sobre la necesidad en salud; un sistema que no compadece al paciente, que lo atropella y que lo mata, pues en muchas ocasiones pacientes fallecen a la espera de un tratamiento, de una cirugía, de una cita con un especialista.

Pero lo indignante no para allí. El cuerpo sin vida de la señora Chivará estuvo casi siete horas tendido en el suelo sin que se le hiciera el respectivo levantamiento, pues lamentablemente el suceso de su fallecimiento ocurrió en un sitio público. Debido a la ineficiencia y la burla de que estaba siendo objeto la señora Chivará, su familia decidió bloquear una de las troncales del Transmilenio en señal de protesta por todo lo que estaba ocurriendo.

Ante ello, y en vez de proporcionar soluciones, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, le envió el temible Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad, para desbloquear la movilidad, sin preocuparse en ningún instante por la suerte de la familia Chivará y del cuerpo de la señora Rubiela, actitud típica de dirigentes de la burguesía colombiana que no se interesan en lo más mínimo por los sentidos problemas sociales de los habitantes.

Este es el fiel reflejo de lo que le sucede a la sociedad colombiana, víctima de la ineficiencia de sus gobernantes, de la falta de voluntad política para propugnar por un mejor sistema de salud, que garantice la vida en condiciones de dignidad. Mientras ese modelo persista, más situaciones lamentables como esa se va a seguir presentando.


La venta de Isagen
También hemos sido testigos de la venta de una de las empresas más importantes del sector estatal, Isagen. No se puede entender cómo una de las empresas que más recursos genera para la nación, que garantiza una soberanía eléctrica, haya sido objeto de una subasta pública, la cual ilógicamente fue realizada con la comparecencia de un solo proponente, la multinacional canadiense Brookfield.

Es inexcusable que se haya realizado esta venta con el propósito de que con este dinero se van a financiar las carreteras de cuarta generación para el país, proyecto que es importante, pero que no justifica que se haya vendido una de las principales empresas de la Nación a una multinacional, tal como fue el caso de Telecom, que durante el gobierno del hoy senador Uribe Vélez fue vendida a la multinacional Telefónica. Ya hoy ni siquiera se conserva el nombre de la empresa comercialmente.

Esta situación debió haber movilizado al pueblo colombiano, pues afecta directamente a todos al ser una empresa de la nación. Sin embargo, lamentablemente, causaron mayor “indignación” sucesos superfluos como la equivocación del presentador de Miss Universo que dio como ganadora a la señorita Colombia cuando no lo era. Circunstancias como esas dan qué pensar sobre cómo se forman las generaciones venideras, en las que los temas verdaderamente relevantes no son de mucho interés.


La burla a las instituciones
Y por último tenemos el escándalo del exdefensor del pueblo, Jorge Armando Otálora, quien abusando del poder que le entregaba esa dignidad tan importante del Estado, no solo ocasionaba acoso laboral a sus subordinados debido a los malos tratos con que los atropellaba, sino que además realizaba acoso sexual en contra de su secretaria privada, Astrid Cristancho, a quien, independientemente de si tuvieron una relación sentimental o no, acosó a tal punto que ya la situación se volvió insostenible.

Lo anterior evidencia la crisis en la que se encuentran muchas instituciones públicas en el país, llenas de funcionarios que no tienen los requisitos éticos para conducirlas, más en una entidad como la Defensoría del Pueblo, la cual debe propugnar por los derechos humanos de todos los colombianos. Situaciones como éstas dejan mucho qué decir, pues generan rechazo de la población a las instituciones y derivan en falta de credibilidad y de burla hacia éstas.

Colombia, tierra querida, una nación llena de escándalos, situaciones indignantes que rayan en la ilógica, con gobernantes que se preocupan más por el pavimento y el cemento que por el ser humano, de sus necesidades más inmediatas.

No se puede tapar el sol con un dedo, no solo son los fenómenos que hemos visto, sino situaciones como el aumento paupérrimo del salario mínimo ante una inflación ascendente y una canasta familiar que se vuelve cada día más costosa. Se vendrá en el segundo semestre del año una reforma tributaria que impondrá un IVA del 19%, un impuesto que castiga al que tiene menos. Todo esto es una bomba de tiempo, que quizá no estalle, pues el colombiano es persuadido fácilmente por el pan y el circo.

Jamundí, domingo 31 de enero de 2016.


(*) Estudiante de Derecho. @SantiMena94

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