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miércoles, 4 de julio de 2012

Análisis. En Asunción, un acto mercenario y farisaico


Foto tomada de elboyaldia.cl
 El golpe parlamentario en el Paraguay

Pasará a la historia este episodio bochornoso en que un Presidente de la República fue acusado sin pruebas, con un plazo irrisorio para preparar su defensa. Los argumentos de la defensa, de altísima calidad a pesar del escaso tiempo permitido para prepararla, no fueron analizados por los senadores, simplemente porque la sentencia condenatoria ya estaba escrita.
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Por Juan Díaz Bordenave (*)
La caída del presidente del Paraguay, Fernando Lugo, fue planeada en sus menores detalles y, ni siquiera para los que la vivimos de cerca es fácil entender su génesis y proceso. En mi percepción, se trató de una manifestación natural de la confrontación continental y mundial de dos conceptos antagónicos de democracia: aquella que la ve como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, y aquella que la ve como el gobierno de las clases dominantes, por las clases dominantes y para las clases dominantes.


Personalmente, caracterizo al golpe como mercenario y farisaico.

Mercenario: en el sentido de que los principales autores del golpe no obraron por ideales sino por intereses. En efecto, entre ellos estaban terratenientes latifundistas, empresarios del agronegocio sojero y propietarios de industrias. Junto a ellos, miembros de la alta burguesía, políticos de los partidos tradicionales, religiosos conservadores, jefes militares, miembros de la clase media alta, representantes paraguayos de empresas multinacionales, todos ellos preocupados por la amenaza que, en su entender, Lugo representaba para sus propiedades, intereses y privilegios .

Al estar motivados por intereses y no por ideales los mercenarios matan sin remordimientos, como lo hicieron los que infiltraron francotiradores entre los campesinos de Curuguaty para asesinar policías.

Farisaico: el Evangelio presenta al “fariseo” como una persona religiosa y respetuosa de la ley pero que desprecia al pueblo y se considera superior a todas las demás personas. Jesús llamó a los fariseos “hipócritas”, “raza de víboras” y “sepulcros blanqueados”. Cualquier semejanza de este tipo de personas con los líderes golpistas dista de ser mera coincidencia.

El contexto
Si tienen algún mérito los golpistas fue el de haber orquestado magistralmente los elementos que constituyeron el contexto sociopolítico del golpe. En efecto, fueron usados como detonantes:

• La intensificación de la lucha de los campesinos por acceder a la tierra.
• El aumento de la prohibición de semillas transgénicas lo que puede afectar a los enormes lucros de la multinacional norteamericana Monsanto.
• La propuesta de aplicación de impuestos a la exportación de commodities.
• La fiscalización de pulverizaciones tóxicas aéreas por el Senave.
• La decisión de realizar una Reforma Agraria que tenga en cuenta que el 82 % de la tierra está en manos del 2% de los propietarios.
• La creciente organización de los campesinos.
• La probabilidad de que el Partido Colorado retorne al poder.
• La simpatía de las izquierdas hacia Hugo Chávez y el propuesto ingreso de Venezuela al Mercosur.
• El acceso del pueblo a los nuevos medios públicos de comunicación
• La creciente comprensión popular de que la democracia representativa debería ampliarse hacia la democracia participativa.

Como se nota en la lista, el golpe fue motivado fundamentalmente por el temor que sienten las clases que concentran los beneficios del desarrollo, de un gobierno que suponían capaz de promover una distribución más equitativa de los mismos. Los golpistas aprovecharon la legítima ocupación de una tierra mal habida y el consecuente desalojo de los ocupantes, para montar una tragedia capaz de provocar el juicio político del Presidente.

El proceso
Nadie duda de que el golpe que hubo en el Paraguay viene siendo gestado y planeado desde hace mucho tiempo. A comienzos del periodo presidencial de Lugo el entones vicepresidente fue acusado de participar en reuniones contrarias al presidente, como la ocurrida en la embajada norteamericana con la presencia de militares de esa nacionalidad y de la propia embajadora.

El incidente de Curuguaty, que está todavía siendo investigado, demuestra que el asesinato de policías fue realizado con armas de alto poder, usadas por francotiradores profesionales de alta puntería.

La velocidad con que fue armado el juicio político, criticada en el continente y el mundo, no solamente impidió cumplir con el “debido proceso”, sino determinó la redacción ridículamente improvisada del libelo acusatorio. Pasará a la historia este episodio bochornoso en que un Presidente de la República fue acusado sin pruebas, con un plazo irrisorio para preparar su defensa. Los argumentos de la defensa, de altísima calidad a pesar del escaso tiempo permitido para prepararla, no fueron analizados por los senadores, simplemente porque la sentencia condenatoria ya estaba escrita. Se trató de un adefesio legal del cual los abogados paraguayos del futuro sin duda se avergonzarán pues determinó la prostitución del Congreso Nacional y la desnaturalización del Estado de Derecho. Lo peor de todo es que la Constitución Nacional fue farisaicamente utilizada para manipular el fondo y la forma del proceso, de modo a justificar lo injustificable.

Las consecuencias
Son imprevisibles, pero probablemente muy graves, los efectos que tendrán el golpe y el juicio político express sobre la realidad política, económica y social del Paraguay. Ellos dependerán de la capacidad del pueblo paraguayo de comprender lo que realmente pasó, de indignarse ante la índole farisaica y mercenaria del golpe y de, superando sus hábitos culturales de resignación fatalista, concretar su indignación en actos de resistencia y de lucha. El futuro dependerá también de la capacidad de los países vecinos, especialmente los miembros del Mercosur y la Unasur, de continuar manteniendo su actual decisión de no aprobar la interrupción de una presidencia legítimamente establecida por el voto libre de los paraguayos.

Una de las consecuencias positivas del golpe institucional está siendo el despertar cívico de la juventud paraguaya. En efecto, ella estaba ausente en las luchas por el rechazo del Alca, por la renegociación del Tratado de Itaipu, por la Reforma Agraria y hasta por la Reforma Universitaria. Pero ahora abrió sus ojos y está organizándose para la resistencia pacífica. Si la juventud asume realmente su papel generacional, se podrá decir alguna vez del golpe el refrán español “no hay mal que por bien no venga”. Porque, abiertos los ojos a la necesidad de luchar por la justicia, la juventud percibirá la imperiosa urgencia de la reforma agraria y el desarrollo equitativo del país, así como la necesidad de depurar el Congreso y la Corte Suprema de Justicia.

También puede ser una consecuencia positiva el cambio del concepto y la práctica de la política. Tendremos así en el Paraguay no más una política pragmática de intereses y resultados, que genera injusticia, exclusión, corrupción y pérdida de soberanía y dignidad, sino una política de principios, al servicio al pueblo.

Servicio de la Agencia Latinoamericana de Información, Alai, América Latina, 3 de julio de 2012.

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