lunes, 26 de marzo de 2012

Opinión. A propósito del Plan de Desarrollo de Cali

(Foto: capriciouspeacock.blogs.com).

Los obstáculos para la participación
democrática de la ciudadanía

Es evidente que los sesgos de la democracia representativa no han permitido un desarrollo pleno de la democracia participativa… Resulta pertinente precisarles a mis compañeros consejeros que la instancia representativa es el Concejo Municipal, mientras que la participativa es el Consejo de Planeación.

Por Armando Palau Aldana (*)
La semana pasada escribí sobre el inicio de la discusión ciudadana del proyecto de Plan de Desarrollo de Cali, entregado por el alcalde Guerrero al Consejo de Planeación, enfatizando que a esta instancia consultiva, le corresponde organizar y coordinar las deliberaciones de los sectores económicos, sociales, ecológicos, comunitarios y culturales de la municipalidad, con el fin de garantizar eficazmente la participación ciudadana, para la elaboración del concepto y las recomendaciones sobre el instrumento de gobierno de la actual administración.


El escrito fue producto de la determinación que asumió el Consejo de Planeación en su sesión del martes 13 de marzo, acordando la apertura de la participación ciudadana en las siguientes sesiones del martes 20, viernes 23 y martes 27 de marzo, teniendo en cuenta que conforme al tenor legal, antes que finalice el presente mes, este cuerpo consultivo debe cumplir con la entrega del documento al Alcalde.

Pero infortunadamente, en la siguiente sesión del viernes 20, al retomarse la discusión, la mayoría de los consejeros (varios de los cuales no estuvieron en deliberación pasada), acordaron que la participación de la ciudadanía tendría que limitarse a la entrega de escritos al respecto. Solo tres consejeros en franca minoría defendimos el derecho de las gentes a exponer sus opiniones sobre el Proyecto de Plan de Desarrollo.

El tema reviste la necesidad de plantear una discusión pública al respecto, pues es evidente que los sesgos de la democracia representativa, no ha permitido un desarrollo pleno de la democracia participativa, pues se argumentó por la mayoría de los consejeros, que el pleno del Consejo de Planeación es en sí mismo el “foro de discusión”, en su condición de representantes de los distintos subsectores que lo conforman.

Retomando las reflexiones que hice en torno a una propuesta política que estamos confeccionando, traigo a colación entonces, del maestro Estanislao Zuleta, el siguiente pensamiento, que se publicó en el libro Democracia y Participación (1988): ”Lo que nosotros llamamos una apertura democrática es una búsqueda de una nueva comunidad, de un pueblo que exija, que piense, que reclame, que produzca. Ahora bien, esa comunidad está igualmente en función de la racionalidad, porque es necesaria para que pueda haber democracia. Pensar en el lugar del otro, reconocer que el otro puede tener la razón, hacer el esfuerzo de ver hasta qué punto se puede aprender de él, es un movimiento que va contra toda discriminación. Cuando uno hace una discusión, y la hace racionalmente, allí el que pierde gana, porqué tenía un error y encontró una verdad”.

Sé que la construcción y el fortalecimiento de prácticas para una verdadera democracia participativa constituyen una iniciativa de ardua confección, incluso, tantas veces hemos salido en defensa de la democracia y hemos terminado lesionándola en la confusión de la confrontación con los otros.

Recordemos a Oscar Wilde cuando dijo en La balada de la cárcel de Reading: “Todos matamos lo que amamos, mata el valiente con una espada, el cobarde con una mirada de doblez almibarada”.

En uno de mis recientes libros, Política y Medio Ambiente (2011), retomé lo que nos enseñó Orlando Fals-Borda, en su Investigación Acción Participación, afirmando que el problema como proyecto de trabajo debe definirse de manera conjunta con las comunidades, para generar cambios en los cuales los actores sociales sean protagonistas a partir de una reflexión sobre sus propias experiencias, materializando el aprendizaje en la medida en que se logre elevar los niveles de conciencia acerca de su propia realidad, como resultado inmediato de la investigación y de la acción, como fuente de conocimiento, para transformar la realidad social en beneficio de las gentes involucradas, operando al interior de un sistema vigente para ir suscitando transformaciones parciales que puedan conducir a cambios estructurales, a través del trabajo y la combinación de la acción y la reflexión, que tiene un carácter educativo.

Escribí que, en esta perspectiva, cualquier gestión ambiental o política no puede proyectarse y direccionarse desde el nivel decisorio de los consultores, quienes deben convertirse en facilitadores altamente flexibles, pues no se puede pretender que sigan siendo los depositarios del conocimiento ni de la conceptualización, sino que deben estar dispuestos al cuestionamiento de la información y a la construcción de un nuevo conocimiento popular, alimentado por los saberes cotidianos de la comunidad, permitiendo que las gentes cuestionen la propia formación profesional de aquellos, esta es la dinámica del saber popular.

Resulta pertinente precisarles a mis compañeros consejeros que la instancia representativa es el Concejo Municipal, mientras que la participativa es el Consejo de Planeación.

Basta con que leamos el tenor de la Carta Fundamental y de la Ley 152 de 1994 orgánica de planes de desarrollo, para que quede claro el asunto: “El Consejo tendrá carácter consultivo y servirá de foro para la discusión del plan de desarrollo. Le corresponde organizar y coordinar una amplia discusión sobre el proyecto de plan de desarrollo, mediante la organización de reuniones, en las cuales intervengan los sectores, con el fin de garantizar eficazmente la participación ciudadana”.

Negar el ejercicio de la palabra a la ciudadanía es sencillamente un desconocimiento a derechos fundamentales constitucionales, especialmente: el libre desarrollo de la personalidad sin más limitaciones que las del orden jurídico; y la libertad de expresar y difundir el pensamiento y las opiniones.

No podemos circunscribirnos a los contenidos de papel, la palabra debe fluir para que la participación se constituya en una realidad. Por ello traigo a colación, para que se abra y ventile la discusión, las palabras de Jorge Eliecer Gaitán al respecto, que cobran mayor vigencia en estos días:

“En el mundo moderno la democracia no es resolver un problema sino plantearlo. ¡Democracia! Pero, ¿cuál? La multitud ama la democracia. Todos la amamos en este país. Pero, ¿cuál es la que deseamos ver realizada? La teocrática, la de ayer, ¡que no tenía consagración en el ágora pública sino en los palacios destinados al culto de Dios! Y todos nosotros nos jactamos de profesar y servir a la democracia. Pero se trata ahora de saber cuál es el contenido de esa democracia, se trata de la democracia económica, de la democracia como triunfo de las normas que rediman a la mayoría y no de la democracia en traje de luces de la Revolución Francesa, que divorciaba el hecho político del hecho económico. La gente que tiene determinadas ideas en este país, suele pensar ingenuamente que sin el imperio de esas ideas la humanidad se desquicia”.

(*) Abogado, ambientalista, director del periódico La Ciudad. Fundación Biodiversidad, consejero Sector Ambiental.

Cali, jueves 22 de marzo de 2012.

1 comentario:

  1. El Plan de desarrollo de Cali ofrece como primer principio rector, un enunciado pseudoreligioso, proclamando la vida del hombre por encima de todo, enunciado que hoy no tiene sentido porque el hombre no está por encima de todo, hace parte del todo y si se mantienen actitudes depredadoras el hombre no quedará sobre una tierra en que sostenerse, sino en un desierto estéril.

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