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domingo, 19 de enero de 2020

Nuestra historia, en Periodismo Libre Cali


BOLÍVAR Y EL GOBIERNO FUERTE

Por Alberto Ramos Garbiras (*)
La Constitución que redactó el Libertador para el naciente Estado de Bolivia en 1826 se aplicó en el Perú, y calculó Simón Bolívar que debería también adaptarse en La Gran Colombia (Venezuela, Colombia y Ecuador), con la idea de conformar una confederación de naciones regidas por la misma Carta Magna con cinco vicepresidencias y una presidencia vitalicia, pero no hereditaria. Propuesta que le surgió al calcular los peligros que corrían los cinco territorios liberados del yugo español y que sin unidad podrían disolverse por la retoma que llegaren a alcanzar los españoles o por las rencillas de los caudillos regionales que alentaran la separación en virtud a los nacionalismos despertados, o los apetitos de poder agenciados por camarillas de aduladores que rodeaban a los líderes de la independencia.

No fue el napoleonismo que lo devoró como han dicho los críticos de esta propuesta. Para rebatir este señalamiento se puede indicar que la presidencia de La Gran Colombia no la ejerció desde1822, se la dejó a Francisco de Paula Santander, para continuar la guerra a fin de expulsar a los invasores españoles que estaban aún en Ecuador y en el Perú. Cuando culminó el trabajo militar que inició el general San Martín, que terminó el Protectorado, la dirección militar de Bolívar triunfó en Junín y Ayacucho con la ayuda de Antonio José de Sucre, y valientes soldados; procedió a rechazar títulos ostentosos que pretendieron darle, similares a monarca o emperador; cuando triunfo en el alto Perú y fundó Bolivia, le entregó la presidencia a Sucre. Desde Angostura propuso una presidencia republicana normal para reemplazar las instituciones monárquicas, precisamente.

La insistencia de aplicar la constitución de Bolivia deviene de las condiciones de ingobernabilidad que estaban tomando los estados liberados que no supieron desarrollar las instituciones republicanas que él impulsó. Los sucesos entre 1827 y 1830 (conspiraciones, corrupción, secesionismo, caos en la legislación, desatención de la población, élites discriminadoras, desprecio por los afrodescendientes, los indígenas y los campesinos…), reseñados por los biógrafos, le dan la razón a Bolívar sobre lo que pretendía en ese momento. La Constitución de Bolivia fue pensada para un momento de excepción con el objeto de resolver una crisis en desarrollo y para contener un proyecto multinacional confederativo, a la par que impulsaba la Liga de las Naciones con el Congreso Anfictiónico de Panamá (una especie de OEA para encausar la política exterior de las naciones latinoamericanas recién liberadas).

La Constitución de Bolivia contemplaba un gobierno fuerte, pero contenía los mismos frenos al poder desbordado, y creó una cuarta rama del poder, la rama electoral. Como lo expone el biógrafo John Lynch, “La nueva Constitución preservaba la división de poderes clásica (legislativo, ejecutivo y judicial) y añadía uno más, el electoral, que permitía a los grupos de ciudadanos de cada provincia nombrar electores que formaban colegios encargados de elegir representantes y nombrar a los alcaldes y los jueces. El poder legislativo se dividía en tres órganos compuestos por tribunos, senadores y censores, todos ellos elegidos por voto popular. Los tribunos se encargaban de iniciar las leyes relativas a las cuestiones financieras y a las principales cuestiones políticas; los senadores eran los guardianes de la Ley y se ocupaban de los reglamentos eclesiásticos; los censores eran los responsables de la preservación de las libertades civiles, la cultura y la Constitución (con lo que resucitaba su anterior y problemática idea de un poder moral)”. (1)

El Libertador, desde que escribió la Carta de Jamaica, estampó su visión geopolítica que debería tener la Guerra de Independencia. En 1815 la geopolítica no existía como disciplina de la ciencia política, y esta como ciencia autónoma, pero relacionada con las ciencias sociales, tampoco existía. O sea, Bolívar fue un adelantado futurista en el ámbito de las relaciones internacionales. Ambas, la ciencia política y la geopolítica nacieron a finales del siglo XIX, se adelantó 70 años a la conformación de estas. Seguramente sus lecturas sobre Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Condillac, D’Alembert, Lalande, Mably, Rollin, Helvetius, Locke, Fergusson; los autores griegos, los romanos, etc., le permitió formarse criterios y asimilar conceptos que procesó y adaptó a su época para resolver el enfrentamiento con un imperio y concebir la formación de un Estado republicano de gran tamaño. Se formó una visión continental de la Independencia, de un subcontinente (América Latina) oprimido durante casi 300 años por los miembros de un país que pertenecía a otro continente (Europa), y desde allá se volvieron potencia a expensas de los territorios dominados en medio de la sociedad feudal mercantilista.

Esa misma visión futurista con el componente geopolítico le permitió prevenirse ante los EE.UU. para enfrentarlo por lo que él barruntaba tendrían intentos de absorbernos a pesar de que era un Estado naciente. Al comienzo pensó que sería apoyado por haber surgido los EE.UU. también de una guerra de independencia; trató de lograr la ayuda o cooperación para enfrentar a los españoles en 1818 y 1819, pero no encontró respuestas positivas, ejecutaron actos contrarios a la neutralidad y toleraron la venta de armas a los españoles y fue denostado por periodistas de ese país. Lo atacaron al burlarse de la liberación de La Florida, que había estado en manos de los españoles. Una negociación turbia con compra simulada le permitió a los norteamericanos desconocer esa independencia; no reconocieron el nacimiento de La Gran Colombia con la ley de Angostura; las relaciones con James Monroe fueron hoscas; por eso no quería invitarlos al Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826; y muchas otras trabas que se narran en las biografías sobre Bolívar.

Terminada el viernes 20 de diciembre de 2019 la presentación de la serie Bolívar, producción de Netflix, que el canal Caracol programó a las 9 p.m. con 60 capítulos que los colombianos acogieron  para conocer pasajes de la historia de Colombia, los tres últimos capítulos destacan la incomprensión de muchos contemporáneos sobre el proyecto continental y de una presidencia fuerte que Simón Bolívar comenzó a diseñar desde 1826 para evitar la disolución o desbaratamiento de la gran República que el concibió, previendo que la derrota de los españoles debía reafirmarse con un Estado grande y fuerte para no ser retomado nuestro territorio como había ocurrido en 1815, cuando se produjo la reconquista y el extermino que trajo Pablo Morillo con 12.000 militares para someter a los patriotas de la primera fase de la Guerra de Independencia (1810-1815). Un rumor difundido con perfidia extendió la versión de querer Simón Bolívar convertirse en dictador. Voy a intentar explicar por qué no fue Bolívar un Dictador como se entiende la palabra hoy.

El Libertador Bolívar a partir de la Guerra de Independencia y luego, con el diseño constitucional, logró fundar un enorme Estado llamado en los libros de historia La Gran Colombia, creado por partes. Liberó la Nueva Granada (hoy Colombia), con las batallas de Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá (1819); luego, Venezuela, con la batalla de Carabobo (1821), y después liberó a Ecuador con las batallas de Bomboná (en Consacá, para poder entra al Ecuador) y Pichincha (1822); extendió las instituciones definidas en la Constitución de Angostura (1819) aplicadas en considerable medida a la Constitución de Cúcuta (1821), y durante su vigencia aplicó algunas normas homologándolas con sobresaltos en el Perú, durante los años 1824 hasta 1825. Luego redondea y ajusta las instituciones en la Constitución de Bolivia (1826) que buscó convalidar en el Perú y posteriormente en la Gran Colombia con la más cuestionada figura de la presidencia vitalicia para poder controlar los 5 estados. Por ello propuso un plebiscito que permitiera la unión confederativa de los 5 Estados, con el fin de bloquear definitivamente a los españoles ya derrotados, pero con deseos de regresar.

La guerra espaciada que Bolívar sostuvo desde 1811 hasta 1824, y luego en el Alto Perú, derrotando a Pedro Antonio Olañeta, para fundar Bolivia, esta guerra espaciada nos permite afirmar a la manera de Norberto Bobbio que llevó a cabo la guerra como fuente del derecho, creía que esa guerra era justa o necesaria para lograr independizarnos de 300 años de sometimiento y vejámenes. Colombia nació de una guerra de liberación y para ensanchar o ampliar el Estado grande que él deseaba, lo hizo con una guerra subcontinental. Y para sostener ese Estado en crecimiento necesitaba del uso de la fuerza pública, con el ejército guerrillero que organizó, lo llevó a ejército patriota y al gobernar lo convirtió en ejército institucional, o Fuerza Pública estatal, ejército al que él consideraba el verdadero fundador del Estado. Al hacer actuar la Fuerza Pública con medidas fuertes para evitar el desorden, buscaba conservar la unión de las 5 regiones, hoy 6 estados (con Panamá), para evitar la secesión o separación, como en efecto se empezó a dar y se consumó después de su muerte.

Estos fueron algunos de los tropiezos y dificultades que se le presentaron a Bolívar para terminar de construir el Estado grande que fundó. Todo se hundió en la posguerra colonial (después de derrotar a los españoles), en medio de la implementación. El Libertador Bolívar, al querer mantener despejado de españoles el territorio liberado, endureció las medidas para conservar el territorio, a la vez que, sin españoles en la escena, los “liderazgos” de oportunistas o ambiciosos para querer gobernar cada Estado liberado (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) se destaparon con las ansias de poder regional y emprendieron un forcejeo que terminó en disolución. Todo se enreveso con alegatos “legales”, constitucionales y embriones partidistas.

 En efecto, para frenar las conspiraciones internas tenía Bolívar que tomar determinaciones drásticas como el fusilamiento de los autores del atentado septembrino, etc. Y los que no entendieron la actitud de Bolívar posteriormente lo vieron, equivocadamente como el fundador del Partido Conservador. Los grupos regionales del poder, sus anteriores colaboradores en la Guerra de Independencia, se volvieron jefes de fracción y facciosos, para asumir el poder cada uno (Páez, Mariño, Peña, Santander, Juan José Flórez, Bustamante, La Mar...), desarticulando el Estado Grande o subcontinental que Bolívar forjó. Capítulo aparte es el tema de los criollos, mestizos y nativos colaboradores con las autoridades españolas, entreguistas o colaboracionistas que actuaron como realistas, cientos de pastusos, ecuatorianos y peruanos, pusilánimes y erráticos; esos una vez se vence y se expulsa a los españoles, se convierten en insidiosos (como Camacho, Saldarriaga y otros ...), y con intrigas, chismes e interpretaciones pérfidas retorcieron a personajes que lo acompañaron en la campaña libertadora  y fueron sus amigos con los que concibió el proyecto independentista, como el general Santander o el general Páez, entre otros.

Sobre la presidencia vitalicia, trató de ubicar el contexto más amplio que le correspondió actuar, porque Bolívar pensó que era la forma de evitar la desagregación y fortalecer el subcontinente. Un republicano que no declinó el nuevo sistema mientras que San Martín y O Higgins querían una monarquía constitucional con un príncipe inglés para el resto de la región subcontinental. Bolívar, una vez concluyó de vencer a los españoles en El Alto Perú, procedió a fundar Bolivia, o sea se inició la etapa del postconflicto o posguerra colonial, debiendo reconvertir el Estado colonial en Estado Republicano, pero dentro de un Estado inmenso que necesitaba no solo el cambio de normas monárquicas por normas republicanas, sino que requería además la implementación de un sistema político nuevo, encontrándose con los apetitos de caudillos que querían regionalizar el poder para sí, para grupos con apetitos personalistas sin visión amplia.

(1) Lynch John. “Simón Bolívar”. Editorial Crítica, Barcelona, Serie Mayor, Barcelona, España, 2008.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED, España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.


miércoles, 15 de enero de 2020

Piratería de la ultraderecha venezolana contra la voz de los pueblos


PERIODISMO LIBRE, SOLIDARIO CON TELESUR

Por Luis Alfonso Mena S.
Usando toda clase de maniobras ilegales y corruptas, Guaidó, el fracasado agente de la CIA, títere del imperio, y su cuadrilla cometieron hoy, 15 de enero de 2020, otro acto de piratería absolutamente ilegal para tratar de apoderarse del Canal Telesur en Caracas, con el fin de silenciar la voz de los pueblos del mundo.

La extrema derecha, obedeciendo órdenes del gobierno de Estados Unidos y ávida de dólares, impulsó un acto írrito, nulo, inválido, sin fuerza de ley contra Telesur, con el propósito nefasto de “poner al frente” del canal a un golpista de la peor trayectoria, comprometido con crímenes en El Salvador y afín a la política de abyección y sumisión a intereses extranjeros.

Esta nueva arremetida hace parte del sinnúmero de acciones de la oligarquía apátrida venezolana en el afán de entregar su país al imperio y sus satélites, de conspirar contra la soberanía popular y el proceso bolivariano, y de apropiarse de los bienes del pueblo en varias naciones del mundo.

Desde Periodismo Libre, de Cali, Colombia, expresamos nuestra profunda solidaridad con el canal hermano Telesur, y les decimos a su presidenta legítima, la caleña Patricia Villegas, y a sus periodistas y trabajadores en Venezuela y en todo el orbe que no están solos y que estamos seguros de que derrotarán esta villanía.

Va nuestra voz de aliento, con la certeza de que ellos y el pueblo venezolano seguirán resistiendo y venciendo, como lo han hecho hasta ahora.

Cali, miércoles 15 de enero de 2019.


domingo, 5 de enero de 2020

Informe. Los congresistas colombianos, una clase parasitaria

El senador Gustavo Bolívar, de la Lista Decentes, anuncia proyecto de ley para bajar los multimillonarios salarios de los congresistas colombianos en 2020.
LOS MULTIMILLONARIOS SUELDOS DE SENADORES Y REPRESENTANTES EN COLOMBIA, UN INSULTO AL PUEBLO

Sesionan solo ocho meses, durante los cuales "trabajan" dos o tres días a la semana, unas pocas horas...

Descansan (vacaciones) ¡cuatro meses! Disponen de un jugoso presupuesto para contratar asesores que trabajen por ellos. Y cuentan con toda clase de comodidades.

La norma constitucional que creó esta clase parasitaria privilegiada debe ser reformada sustancialmente...

Senadores y representantes a la Cámara reciben trece salarios al año (uno adicional de prima), de más de $34.000.000 mensuales…

No hay derecho a tanda desfachatez... A tanta iniquidad…

¡Y de los pensionados del Congreso, ni hablar!

El senador Gustavo Bolívar, de la Lista Decentes, anuncia proyecto de ley para rebajar los multimillonarios salarios de los congresistas colombianos a partir de 2020.

¿Lo aprobarán los mismos congresistas que se benefician de ellos?


martes, 24 de diciembre de 2019

Análisis de Periodismo Libre. Un mes del Paro Nacional

Concierto de orquestas sinfónicas de Cali en respaldo al Paro Nacional, realizado en la Plaza Jairo Varela de la ciudad, el miércoles 4 de diciembre de 2019. (Foto: Santiago José Mena C.).
¡NAVIDAD, EN LAS CALLES!
 
Por Luis Alfonso Mena S.
Al cumplirse un mes del Paro Nacional, la iniciativa en las calles colombianas la tienen las más diversas expresiones de la lucha social: estudiantes, jóvenes desempleados, mujeres, habitantes de barrios populares, comunidades indígenas, artistas, trabajadores precarizados o en el rebusque que se han movilizado, aún en la época de las festividades navideñas, de manera masiva y permanente exigiendo al régimen de Iván Duque que atienda las exigencias de la protesta.

Lo ocurrido en Medellín este domingo 22 de diciembre, con miles de personas desfilando desde tres puntos y confluyendo en un gran concierto, es sintomático y revelador del nuevo momento del sujeto social y político en las postrimerías de 2019, y expresa avances en una toma de conciencia colectiva.

Otros hechos de esta Navidad en las calles ponen en evidencia el despertar de importantes sectores populares y un salto cualitativo en sus luchas, que incluye las grandes jornadas del 21 y del 27 de noviembre y la del 4 de diciembre en el plano nacional, y se nutre de un acumulado histórico de jornadas precedentes.

Recordemos las acciones de calle más recientes:

Las de Bogotá y Cali el 8 de diciembre, cuando se escenificaron conciertos multitudinarios de apoyo al Paro. El 4 de diciembre había ocurrido otro sinfónico en la capital del Valle, en la Plaza Jairo Varela.

El plantón en inmediaciones del puente de Juanchito, también en Cali, el lunes 16 de diciembre (brutalmente reprimido por el Esmad, con detención de 16 personas).

La masiva concentración popular en la Plaza de Bolívar de Bogotá, convocada por el Comité Nacional de Paro, para protestar contra la Reforma Tributaria que debatía el Senado ese mismo día.

La ‘natillada’, con cacerolazo incluido, el miércoles 18 de diciembre, en Puerto Resistencia (antes Puerto Rellena), un populoso sector de Cali, convertido en uno de los epicentros del Paro en esta ciudad.

La marcha juvenil en el norte de la capital de la República, el jueves 19 de diciembre (igualmente reprimida por la Policía y su criminal política de sacarles los ojos a los muchachos, como en Chile).

El masivo y sentido homenaje a Dilan Cruz, este lunes 23 de diciembre, en el punto del centro de Bogotá donde el estudiante fue asesinado por la Policía.

Al lado de muchos otros a lo largo del país, son hechos de una Navidad diferente y el preludio de que el año 2020 llegará con una parte de la sociedad movilizada, que no cree en mentiras oficiales ni dejará que el régimen de los crímenes de Estado, fraguado durante ocho años por Álvaro Uribe y prolongado ahora con Iván Duque, se siga burlando de ella.

Son sectores de la sociedad que hacen frente a las trapisondas oscuras del sistema político, de sus partidos, de su corrupción y de su represión permaneciendo en las calles, ejerciendo allí su propia democracia.-


Algunos de los artistas que participaron en el masivo concierto de apoyo al Paro Nacional realizado en Medellín, el domingo 22 de diciembre de 2019. (Foto de redes sociales).
LIDERAZGOS Y CONCIENCIA DE CLASE
En Medellín, ad portas de la Navidad y de las fiestas de Año Nuevo, la gente no estaba convocada por ningún líder social o político conocido. Era un acto organizado por artistas diversos, como Adriana Lucía, la vallenata que constituye una revelación (entre muchas otras espontáneas y sinceras de esta coyuntura), por su actitud contestataria, clara y consciente, sin miedo a perder contratos, como si lo tiene la mayoría de la farándula criolla.
 
Así estuvieron los manifestantes, reunidos a instancias de un señor llamado Paro Nacional, que es de todos los sacrificados por el establecimiento neoliberal impuesto, a sangre y leyes, por la bicéfala oligarquía colombiana.
 
Una parte importante del pueblo colombiano (cada vez más grande, a pesar de la propaganda en contrario de los medios de las élites) repudia el asalto decembrino de los congresistas en las tinieblas de la noche del 19 al 20 de diciembre, cuando impusieron la Reforma Tributaria que les perdona impuestos a raudales a los más ricos del país y exonera a los amigos del régimen de Duque, como la empresa farmacéutica del esposo de la nueva canciller de la República.
 
En las calles de la capital paisa, epicentro del accionar del uribismo y de la derecha narcoparamilitar en Colombia, estaba la gente tras una idea colectiva, que no era solo la de la música, sino la de darle continuidad a la protesta nacida el 21 de noviembre de 2019.
 
Hoy, como resultado del cinismo y la avaricia de la clase en el poder, hay un país que despierta: los que gritan en las marchas son el desempleo, la precarización del trabajo, los muchachos y los veteranos golpeados por la falta de contratos dignos, por las afugias terribles a las que los someten las leyes neoliberales y los obligan a recurrir al rebusque humillante.
 
El sufrimiento, derivado de la violencia económica, social y cultural a la que la somete el sistema, es por lo que la gente percibe que se debe movilizar. Y lo hace.
 
También lo hace dolida por los descubrimientos en las propias tierras antioqueñas, Dabeiba, Frontino y otros municipios más, de las fosas de los denominados falsos positivos de Álvaro Uribe y las cúpulas militares, la última de las cuales fue ascendida, a pesar de las denuncias, en el vergonzoso Congreso Nacional.
 
Y contra la corrupción, que inunda todo el establecimiento capitalista, como lo demuestran los más recientes escándalos en el alto mando de la Policía, el mismo que defiende a capa y espada el actuar criminal de su Esmad.
 
En el proceso de la movilización, muchos que aún no perciben con claridad la perspectiva de sus acciones, podrán formar su conciencia de clase. Es ahí cuando entrarán en juego los cuadros políticos y los movimientos alternativos, para ayudarlos a entender no solo el momento sino el camino al futuro.
 
La derecha tiene en su poder la mayoría de los cuerpos colegiados (Congreso, asambleas, concejos) a partir de votos cautivos, de la gente más vieja, pero también del clientelismo y de la corrupción electoral. Sin embargo, la derecha no tiene capacidad de movilización en las calles, la cual requiere mística y sacrificio.

Estamos en presencia de un salto histórico en las luchas sociales, que recoge experiencias cercanas, como las del Paro Nacional Agrario de 2013, y lejanas, como la del gran Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977, protestas ambas que levantaban reivindicaciones populares también contra el desempleo, los abismos sociales, la violencia oficial, la dependencia de los agiotistas internacionales.

Hoy hay millones de colombianos que elevan estas y nuevas exigencias. Como en diciembre de 2019, en enero de 2020 las ciudadanías liberadas del miedo y en proceso de convocatorias colectivas, seguirán gritándole al régimen uribista en el poder: ¡Basta ya!
 
Cali, lunes 23 de diciembre de 2019.

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Imagen de los asistentes al concierto sinfónico de respaldo al Paro Nacional, cumplido en la Plaza Jairo Varela de Cali, el miércoles 4 de diciembre de 2019. (Foto: Santiago José Mena C.). 

La protesta cívica en la Plaza Jairo Varela de Cali, el miércoles 4 de diciembre de 2019. (Foto: Santiago José Mena C.).
 

lunes, 16 de diciembre de 2019

Urgente. El Esmad reprime el Paro Nacional en el oriente de Cali

Momento de la detención arbitraria de la líder social de Cali Magaly Pino, durante la represión desatada por el Esmad de la Policía contra el plantón pacífico en Juanchito, al oriente de Cali.
POLICÍA DETIENE ARBITRARIAMENTE A 16 PERSONAS EN PLANTÓN DE JUANCHITO

Magaly Pino, líder social de Cali, y quince personas fueron detenidas por el Esmad de la Policía, que reprimió la protesta de la mañana de este lunes 16 de diciembre de 2019 en Juanchito, al oriente de Cali, donde se llevaba a cabo un plantón, en el marco del Paro Nacional.

La dirigente social, quien hace parte también del Consejo Municipal de Paz del municipio de Dagua, fue golpeada por el Esmad.

Otros de los detenidos, trasladados a la Estación de Policía del barrio Alfonso López de la capital del Valle del Cauca, son: Julio Valencia, Bawer Narváez, Peter Sepúlveda, Alejandro Patiño, Nicolás González Patiño, Laura García, Luz Elena Borja y Angie Henao.

Asimismo, fue detenido Jefferson Lozano, militante de la Juventud Comunista del Valle del Cauca. “Hacemos culpable al #Gobierno de #IvánDuque y al #Alcalde #MauriceArmitage sobre cualquier cosa que pueda ocurrirle a nuestro compañero o cualquiera de las personas que han sido detenidas en la jornada de hoy”, expresa un pronunciamiento de la Juventud Comunista del Valle del Cauca conocido en la mañana de este lunes.

Se solicitó a los integrantes de las organizaciones defensoras de derechos humanos su intervención para garantizar el respeto a la líder social y a los demás detenidos, y lograr su inmediata liberación.

PERIODISMO LIBRE Cali.
Lunes 16 de diciembre de 2019.







martes, 10 de diciembre de 2019

Conferencia del profesor Alberto Ramos Garbiras (Primera Parte)



BOLÍVAR, EL CONSTITUCIONALISTA


En un acto que contó con nutrida asistencia, se cumplió en el auditorio de Instituto de Educación Superior ITA de Buga la presentación del libro Bolívar, el Constitucionalista, del profesor Alberto Ramos Garbiras. La cálida reunión cultura se llevó a cabo el lunes 9 de febrero de 2019, y tuvo en la mesa principal, además del catedrático Ramos Garbiras, al rector del ITA, Gustavo Pulido Lozano; a Roberto Jaramillo, secretario de la Academia de Historia del Valle, y a Jairo Augusto Libreros, presidente de la Asociación Bolivariana. En desarrollo de su intervención, el autor hizo un detallado recorrido a lo largo del trasegar militar de Simón Bolívar, de las vicisitudes históricas que le correspondió afrontar en su lucha contra el imperio español y de sus trascendentales y múltiples aportes al ordenamiento constitucional de los territorios liberados por su inteligencia, su esfuerzo y su liderazgo extraordinarios. Bolívar, el constitucionalista se publicó por primera vez en 1997 y hay tenido once ediciones, la más reciente de las cuales es la que se presentó este 9 de diciembre, a cargo del Sello Editorial ITA de Buga. Natural de Sevilla, Valle del Cauca, Ramos Garbiras es abogado, especialista en derecho constitucional de la Universidad Libre, magister en ciencias políticas de la Universidad Javeriana, doctor en derecho público con énfasis en realidad política latinoamericana de la Universidad Nacional de Madrid. Es también profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre Seccional Cali en las áreas de ciencias políticas y derecho internacional, fue personero delegado para los Derechos Humanos de Cali, procurador Ambiental y Agrario del Valle del Cauca, asesor de la Gobernación del Valle (2012-2015) y miembro del Consejo Directivo de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC. Ramos Garbiras es coautor de los libros Populismo Radial en Cali (1993), Senadores, Candidatos y Electores (1994), Las Vueltas del Presidente (1994), Movimientos Sociales y Protestas (2016) y María, Cinco Géneros (2017). Es autor de los libros Textos de Cine (1985), Derechos Humanos y Democracia (1999), Violencia, Fronteras e Intervención (2000), Temas Ambientales (2001), Violencia y Estados de Excepción (2003), Conflicto Interno, Fronteras y Crisis Diplomática (2008), Aguas y Derechos (2014) y de Partidos Políticos y Populismo (2019) Ha sido columnista y crítico de cine de los diarios El País y Occidente y es miembro de la Academia de Historia del Valle del Cauca y de la Fundación para la Comunicación Popular Periodismo Libre, Fupel. Cali, martes 10 de diciembre de 2019.

Conferencia del profesor Alberto Ramos Garbiras, en la presentación de su libro . (Segunda parte)




BOLÍVAR, EL CONSTITUCIONALISTA


Conferencia del profesor Alberto Ramos Garbiras, en la presentación de su libro. (Tercera parte)



BOLÍVAR, EL CONSTITUCIONALISTA

Conferencia del profesor Alberto Ramos Garbiras, en la presentación de su libro. (Cuarta parte)



BOLÍVAR, EL CONSTITUCIONALISTA

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Análisis. Dos semanas del Paro Nacional en Colombia

Aspecto de la marcha del 21 de noviembre de 2019 en Cali, en el inicio del Paro Nacional, a la altura de la Calle 5 con Carrera 10. (Foto: Santiago José Mena C.).

REBELDÍA POPULAR CONTRA EL RÉGIMEN FANTOCHE

Por Luis Alfonso Mena S.
Este martes 3 de diciembre de 2019 se produjeron en Bogotá dos hechos que retratan de cuerpo entero a Iván Duque, el presidente fantoche que desgobierna en Colombia, y al régimen uribista en el poder.

Uno: su negativa, a través de un par de segundones, a aceptar puntos mínimos de acuerdo con el Comando Nacional de Paro que permitieran no dilatar más la discusión del pliego de trece puntos presentado al Gobierno por las centrales obreras y otras organizaciones sociales, cuyo eje es el rechazo al paquetazo económico neoliberal que tiene en marcha el Gobierno, y contra el cual el pueblo está en las calles desde el 21 de noviembre.

Dos: el estruendoso fracaso de la reunión de cancilleres del denominado Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, Tiar, aparataje de la Guerra Fría desenterrado por Duque y el grupo de mandaderos de EE.UU. que lo acompañan en su agresión contra la República Bolivariana de Venezuela, y que concluyó con una declaración fantasmagórica, espejo de la famélica reunión de burócratas que vinieron a conspirar y a gastarse los dólares con los que los compra el imperio.

Pero Duque es, además de fantoche, cínico: en vez de buscar solución a las exigencias del pueblo, se burla de él poniendo en ejecución el llamado holding financiero, camino hacia la privatización de entidades públicas, y, apoyado en las fichas del establecimiento en el Congreso de la República, como las de Cambio Radical, el conservatismo y el liberalismo, que se sumaron al uribismo, negocia la aprobación de la Reforma Tributaria, que exonerará de impuestos por alrededor de diez billones de pesos a grandes empresarios y acrecentará los abismos sociales en el país.

Así, el Ejecutivo y el Legislativo le dan de nuevo la espalda al pueblo, y se unen en la defensa de la estructura económica imperante, correspondiendo a la esencia del Estado capitalista, en tanto aparato de dominación social, política, jurídica y coercitiva de las clases oligárquicas (gran burguesía financiera, industrial, comercial y grandes poseedores de latifundios) sobre las clases y sectores populares.  

Dos semanas después de iniciada la portentosa protesta, que este miércoles 4 de diciembre tiene una nueva gran movilización en todo el país, y que el miércoles 27 de noviembre registró otro punto elevado de acción reivindicativa, el régimen sigue maniobrando para darle largas a la discusión del Pliego de Exigencias con la táctica tramposa de convocar comisión tras comisión hasta el 15 de marzo de 2020.

Con infinidad de reuniones insustanciales, que a nada conducen y desconocen a los orientadores del paro, el Gobierno le apuesta a agotar la protesta, confiado en que los afanes de las festividades navideñas y de fin de año diluyan el movimiento.

Fiel a la táctica de la traición practicada a lo largo de la historia, la oligarquía colombiana sigue actuando con falsedad y despotismo, apoyada en el engaño y en la violencia, con su brazo predilecto contra la movilización popular, el Esmad de la Policía, escuadrón convertido en el enemigo de estudiantes, trabajadores, campesinos y de todos los que marchan sometidos a la amenaza de sus disparos.

La represión ha campeado en las últimas dos semanas, ocasionando centenares de retenidos, heridos y varios muertos, entre ellos el joven bachiller Dylan Cruz, asesinado por el Esmad cuando ejercía su derecho a la protesta de manera pacífica en Bogotá, y convertido en símbolo de la rebeldía juvenil en la actual coyuntura. 

La campaña del régimen fantoche cuenta con la complicidad de sus medios de comunicación y de los esquiroles que no faltan, que cumplen sus roles: los primeros, como propagandistas del poder y censores de las causas populares, y los segundos, como vulgares cancerberos de los bolsillos de sus amos, que jamás dejarán de tratarlos como sirvientes.

Pero en Colombia los factores subjetivos de las luchas están cambiando, y sectores cada vez más amplios de la población asumen una actitud consciente y se incorporan, de manera independiente, incluso sin banderías políticas definidas, a la lucha contra las reformas pensional y laboral que negará más el futuro a los jóvenes; contra la violencia estatal y paramilitar que sigue acabando la vida de líderes sociales y de excombatientes; por reformas profundas en materia de salud y educación; contra las cargas impositivas que afectan el bolsillo de pobres y capas medias, y en procura de soluciones a los demás reclamos enarbolados en el paro.

Otra imagen de la manifestación del 21 de noviembre de 2019 en Cali, cerca  de la Calle 5 con Carrera 34. (Foto: Santiago José Mena C.).
REDES CONTRA LA DICTADURA MEDIÁTICA
El eco de las luchas populares escenificadas en los meses recientes en Ecuador y Chile contra el neoliberalismo sirve de acicate a la población colombiana, que hace uso de las nuevas herramientas de las redes electrónicas y, empoderada, se autoconvoca e incorpora al cúmulo de reclamos los derechos de las mujeres, los animales, el medio ambiente, la defensa del agua, del páramo de San Turbán y el rechazo al fracking, por ejemplo.

Los tiempos han cambiados y las ciudadanías están en todo su derecho a ser tenidas en cuenta, a organizarse para la protesta de masas, pacífica, pero firme, contra la corrupción y las lacras de un Estado en descomposición. Ahora no se trata de obedecer a ciegas, sino de unirse contra el régimen criminal y antipopular.

En medio de su desesperación por el avance y multiplicación de las luchas sociales, que no esperaban, grupos, políticos y periodistas de la extrema derecha tratan de reactivar la ofensiva contra Venezuela, en la misma tónica de Duque con la fracasada reunión del Tiar en Bogotá, con el propósito de tender una cortina de humo sobre el Paro Nacional. Pero no les funcionó. Ya en muchos sectores en Colombia no tienen audiencia.

Un hecho importante en el momento actual ha sido precisamente la derrota de la prédica de los medios tradicionales que, con la doble moral que los caracteriza, estigmatizan la protesta en Colombia, pero la enaltecen en otros países, cuando ella es usada como ardid de la derecha golpista para conspirar contra procesos y gobiernos progresistas.

Otro elemento novedoso en la actual coyuntura, que evidencia el arraigo popular del paro por las sentidas reivindicaciones que levanta, son los masivos y sonoros cacerolazos registrados durante días seguidos en las principales urbes del país. La cacerola ahora acompaña todo acto ciudadano y salió de casa para marchar también en las calles.

De igual manera, se destacan formas nuevas de expresión, como los conciertos callejeros, las velatones y las protestas en escenarios deportivos, como la expresada por el pueblo hincha del América de Cali, que, al inicio del partido frente a Santafé en el estadio Pascual Guerrero, gritó al unísono: “Uribe, paraco, el pueblo está berraco”.

Asimismo, ha sido determinante el papel de las redes sociales, no solo en la autoconvocatoria de las comunidades para las protestas, sino en la difusión de contenidos orientados a contrarrestar la desinformación y la censura de los medios masivos de comunicación propiedad de las élites. La censura es antiperiodística, es antidemocrática, es el silenciamiento con turbios objetivos políticos.

De ello hemos sido testigos los pobladores del Valle del Cauca, y especialmente los de Cali, donde, mientras se desarrollaban constantes marchas todos los días y noches (con protestas, cacerolazos y pronunciamientos de sectores obreros, estudiantiles, indígenas, afrodescendientes, etc.), en los medios televisivos regionales ese caudal de expresión popular se desconocía de plano o se cubría con sesgo, otorgando mayor despliegue a actos vandálicos ajenos al paro, a las medidas represivas del Estado local o a las estrategias de pánico inducido y claramente desarrolladas por enemigos de la movilización popular, interesados en introducir matrices para tratar de desacreditar y deslegitimar el Paro Nacional.

La coyuntura ha puesto en evidencia, una vez más, la importancia de los medios de comunicación alternativos y populares para enfrentar la dictadura de los medios de las clases dirigentes, visibilizar las luchas sociales y convertirse en canales de expresión de sus reclamos, tergiversados o, simplemente, silenciados por la prensa de las oligarquías.

Y ha evidenciado también la urgencia del respaldo por parte del campo alternativo a esos medios contrahegemónicos, para que puedan tener la sostenibilidad que la vida y las luchas sociales reclaman.

La marcha del 21 de noviembre de 2019 en Cali, a su paso por la Calle 5 con Carrera 24. (Foto: Santiago José Mena C.).
UNA MOVILIZACIÓN POR EL FUTURO
Vivimos tiempos de cambio, con comunidades y subjetividades movilizadas a pesar de la vergonzosa manguala de la inmensa mayoría de los medios de prensa con el Gobierno, que persiste en la imposición de sus medidas neoliberales, obedeciendo a los dictámenes leoninos de la Ocde y de la banca internacional (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional), en detrimento de la vida de la población en general, y del futuro de la juventud y la niñez, en particular.

El que está en marcha es, precisamente, un paro de los jóvenes, convertidos en uno de los ejes de la protesta, porque la política del régimen se orienta contra ellos, no solo porque el desempleo los azota, porque la reforma pensional oscurece su perspectiva de vida, porque las propuestas salariales y laborales los precarizan sin misericordia y la falta de acceso a la educación los condena al ostracismo, sino porque la represión y la violación de los derechos humanos los tienen en la mira.

El caso de Dylan Cruz es el más paradigmático. Pero esta protesta ha dejado otras víctimas de las nuevas generaciones, como el joven herido por la represión policial en Cali el 21 de noviembre, y que hoy está a punto de quedar parapléjico; o el soldado que se suicidó al no resistir la presión de sus superiores luego de pronunciarse en favor del paro, o como otro joven soldado que fue detenido y sometido, insólitamente, a un proceso penal por también haber expresado su apoyo al paro.

La juventud, en todos los campos de la sociedad y no solamente el universitario, ha tomado la iniciativa, y acompaña a líderes sindicales, campesinos, de pensionados y desempleados en la brega porque, más temprano que tarde, el país se enrute por el camino de las grandes reformas que reclama.

Un régimen fantoche, como el que encabeza Duque, no podrá detener ese movimiento social, este empuje de futuro, así intente desviar la atención con su política de agresión contra la hermana Venezuela.

Este 4 de diciembre, obreros de Cali y de Yumbo volvieron a bloquear las vías de acceso a la zona industrial, en Sameco y Menga, al norte de la capital del Valle del Cauca; colectivos populares hicieron lo propio en inmediaciones de Juanchito, en la vía a Candelaria, otra zona económica importante, al  oriente de la ciudad; nuevos grupos barriales estuvieron en Puerto Rellena, ya conocido como Puerto Resistencia, con copamiento de la Autopista Simón Bolívar, en inmediaciones del Distrito de Aguablanca; mientras que los estudiantes de la Universidad del Valle y de otros centros de educación superior se dirigían hacia el sur de Cali, para recibir a la minga indígena del Cauca y cerrar la vía a Jamundí.

Acciones similares madrugaron a hacerse en centenares de puntos del país, con movilizaciones confluyentes en las grandes plazas de las principales ciudades, y en muchos municipios de las regiones también. El paro no cesa.

El régimen fantoche del uribismo y Duque no podrá seguir tendiendo cortinas de humo, ni dilatando el diálogo con los orientadores de la protesta, ni endilgándoles la responsabilidad de ella a cuanto fantasma se le ocurre, porque estos se hallan en vías de extinción y los colombianos creen cada vez menos en cuentos.

Del 21 de noviembre al 4 de diciembre de 2019 han transcurrido 14 días de movilizaciones, cacerolazos, pronunciamientos, actos múltiples y diversos del pueblo colombiano en calles, plazas, barrios y veredas del país.

El paro pica y se extiende, y el año 2020 será de continuidad de estas luchas, porque la sociedad las reclama y porque ellas serán el mejor homenaje a quienes ofrendaron sus vidas y cayeron bajo la violencia estatal en busca de justicia social y democracia en Colombia.

Jamundí, miércoles 4 de diciembre de 2019.



La manifestación del 21 de noviembre de 2019 en Cali, en inmediaciones del Parque de las Banderas, sur-centro de la ciudad. (Foto: Santiago José Mena C.).  

lunes, 25 de noviembre de 2019

Informe especial



ASÍ MARCHÓ CALI CONTRA EL RÉGIMEN URIBISTA DE IVÁN DUQUE. UNA JORNADA PARA NUNCA OLVIDAR

Informe Especial de Periodismo Libre sobre la multitudinaria movilización del pueblo caleño, el jueves 21 de noviembre de 2019, en el marco del Paro Nacional contra las medidas neoliberales del Gobierno de Iván Duque y los crímenes de Estado del régimen uribista en el poder.

Cámara: Santiago José Mena Cárdenas y Luis Alfonso Mena Cárdenas.
Reportería: Santiago José Mena Cárdenas.
Edición: Gabriel Jacobo Mena Cárdenas.

Cali, jueves 21 de noviembre de 2019.

domingo, 17 de noviembre de 2019

EL PARO DEL 21 DE NOVIEMBRE, EN CALI


CONTRA EL RÉGIMEN TIRÁNICO Y NEOLIBERAL DEL URIBISMO

Este jueves 21 de noviembre de 2019, durante el paro nacional, en Cali participe en el lugar que quiera a la hora que pueda.

Plantones y movilizaciones pacíficas durante las horas de la mañana, la tarde y la noche para que no deje de asistir.

Los horarios son los siguientes:

Desde las 5:00 a.m., movilización pacíficamente hacia alguno de los plantones más cercanos a su lugar de vivienda en: 

•Sameco.
•Puente de Juanchito.
•Portada al Mar.
•Puente Paso del Comercio salida a Palmira.

•Concentración en la Universidad del Valle, sede de Meléndez, Frutería: 6:00 a.m., para posteriormente realizar el plantón en Estación Universidades del MIO.

También:

• 7:00 A.M., GRAN CONCENTRACIÓN PACÍFICA (PARQUE DE LAS BANDERAS) PARA LA CIUDADANÍA CALEÑA EN GENERAL. 

9:30 a.m. a 10:00 a.m., inicio de movilizaciones, MARCHAS hacia el CAM.

Después:

PLANTÓN CON PROTESTA PERMANENTE Y PACÍFICA EN EL CAM, DESDE EL MEDIO DÍA HASTA LAS 6:00 P.M.

6:30 P.M., VELATÓN en el CAM por los líderes sociales y niños asesinados. (Lleve su vela).

8:00 p.m. GRAN FOGATA POR LA VIDA Y LA PAZ EN EL CAM, con cantos, arte y cultura para cerrar el día.

Haga tu propio cartel con su mensaje para hacerlo público durante la protesta.

Difunda, comparta y asista.