domingo, 27 de abril de 2014

EDICIÓN No. 46. Análisis. El paro de las Dignidades y las jornadas de la Cumbre Agraria

Imagen captada el 29 de agosto de 2013 durante la toma de Bogotá en el marco del paro nacional agrario y popular. (Foto: Luis Alfonso Mena S.).

Luchas sociales en medio de la polarización entre derechas por la Presidencia

Por Luis Alfonso Mena S. (*)

En medio de una campaña presidencial que se polariza entre la derecha, representada por Juan Manuel Santos, candidato a la reelección en carne propia, y la extrema derecha, liderada por Álvaro Uribe, aspirante a la “reelección” en cuerpo ajeno (Óscar Iván Zuluaga), el país inicia este lunes 28 de abril una nueva fase de protestas sociales, cuyos líderes buscan que tengan la misma intensidad de las desarrolladas durante todo 2013.

Estas jornadas de lucha y la campaña presidencial en marcha son dos procesos que no pueden verse de manera separada en la actual coyuntura, pues frente a los reclamos justos de campesinos, comunidades étnicas y sectores populares, las diferentes fuerzas en la contienda responden de acuerdo con su particular interpretación del momento.


Las protestas se producirán en, por lo menos, dos etapas: la primera que comienza el lunes, liderada por los movimientos de Dignidades que agrupan principalmente labriegos dedicados al cultivo del café, el arroz, la caña de azúcar y la papa, y la segunda, que se iniciará luego de las marchas del 1 de Mayo, Día de los Trabajadores, por parte de múltiples organizaciones campesinas y populares que siguen las orientaciones de la Cumbre Agraria: Campesina, Étnica y Popular reunida entre el 15 y el 17 del pasado mes de marzo en Bogotá.

Los participantes en la primera jornada reclaman que el Gobierno cumpla con el Programa de Protección al Ingreso Cafetero, PIC, la rebaja de los precios de insumos agrícolas y el freno a la importación de productos en el marco de los TLC que está llevando a la quiebra a los cultivadores.

Quienes impulsan la segunda etapa de movilizaciones respaldan estas exigencias, pero buscan además que el Gobierno responda al pliego levantado durante el Paro Nacional de agosto-septiembre de 2013, y que tiene que ver con soberanía alimentaria, respeto a las leyes de tierras de las comunidades negras e indígenas, concreción de las zonas de reservas campesina, reforma agraria integral, entre otras reivindicaciones estratégicas.

Frente a estas exigencias, que empiezan a tener el respaldo de otros sectores que se incorporarían con reclamos propios (como los camioneros, nuevamente, y probablemente los transportadores urbanos, a propósito de la crisis de los sistemas integrados de las principales ciudades del país), el Gobierno de Santos, en plena campaña presidencial, maniobra, de un lado, tratando de bajarle el tono a las protestas, con su ministro de Agricultura y, del otro, recurriendo al manido argumento de la “infiltración guerrillera” en las protestas, con el Ministro de Defensa.

Santos teme que los reclamos campesinos tengan un efecto negativo en su aspiración reeleccionista, y por ello intensifica sus ofertas, a pesar de que durante más de seis meses dilató las negociaciones con las Dignidades y con los movimientos que impulsaron el paro nacional de agosto-septiembre (Mesa Amplia de Interlocución y Acuerdos, MIA, y Coordinador Nacional Agrario, CNA), y no hubo acuerdo de ninguna naturaleza.

Pescando en río revuelto
Entre tanto, el uribismo intenta pescar en río revuelto, tratando de hacer creer al campesinado que respalda sus jornadas, en una actitud oportunista, pues Uribe y su gobierno nada hicieron por las grandes masas campesinas durante ocho años de mandato y, por el contrario, se caracterizaron por su impulso a los TLC, a la agroindustria oligopólica y al corrupto programa Agro Ingreso Seguro, que solo benefició a terratenientes, grandes cultivadores y a sus familia feudales en diferentes regiones del país.

Todo ello ocurre en medio de una polarización dentro de la cual Uribe maniobra sin escrúpulos para disminuir la ventaja que Santos lleva en las encuestas a su candidato títere, Zuluaga, y para ello no duda en pactar una alianza con el oscuro partido Opción Ciudadana, con epicentro en Santander y departamentos de la Costa Atlántica, denunciado por sus nexos con el paramilitarismo. Con esta coalición busca reproducir el medio millón de votos que el grupo alcanzó en las elecciones de Congreso.

Por su parte, la otra aspirante de la derecha, Martha Lucía Ramírez, al tiempo que clama, como Uribe-Zuluaga, contra el proceso de diálogo de La Habana y reclama su desmonte, obra de igual manera con oportunismo hablando como si el conservatismo que representa fuera ajeno a la crisis profunda del agro. Pero ni así repunta en las encuestas, en las que aparece estancada en una cifra reducida que la hace proclive a cualquier giro terminal en favor del aspirante uribista. Al fin y al cabo ella y Uribe son más que afines.

Y a todas estas, Enrique Peñalosa pierde terreno luego de su debut auspicioso por los resultados coyunturales de la consulta verde y pasa ‘de agache’ respecto del paro campesino, en otra de las insulsas posiciones que lo han caracterizado en la actual contienda electoral, en la que equivocó muy pronto el camino y se perdió en las veleidades del que se cree ganador sin haber ganado nada y evita el debate. No ha dicho nada a los campesinos y se siente su vacío programático frente a los demás sectores fundamentales del país.

Clara López y Aída Avella, quienes han respaldado de frente las luchas campesinas y sus pliegos, sin embargo permanecen en márgenes de no despegue, a pesar de la enjundia de sus campañas.

Como lo decíamos en análisis del 10 de marzo en la edición número 42 de PARÉNTESIS, Colombia es un país derechizado, y esta caracterización del país empieza a reflejarse de nuevo en la campaña electoral en desarrollo, a pesar del desgaste de los partidos políticos tradicionales en la opinión pública.

Así, el movimiento campesino y popular colombiano en sus diferentes manifestaciones se encuentra frente a un reto que necesita de una visión estratégica que lo sustraiga de la polarización entre las derechas y lo conduzca a avanzar, a pesar de ella, hacia la conformación de una base social que le arranque al Estado reformas necesarias, pero que, sobre todo, le represente acumulación de fuerzas en la confrontación de largo aliento que se avecina en un nuevo mandato burgués terrateniente.

(*) Director del periódico alternativo PARÉNTESIS.

Domingo 27 de abril de 2014.



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