domingo, 29 de abril de 2012

Memoria. Dos momentos de las luchas estudiantiles


A 30 años de las Marchas 

en Mitad del Miedo


Hace treinta años ocurrieron dos eventos para no olvidar en el recuento de marchas que van a la guerra y de marchas que crean esperanzas. La primera de hombres armados en el cono sur, la segunda de jóvenes en rebeldía en una provincia de Colombia.

Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez (*)
El 2 de abril de 1982, el mundo presenció el inicio de la guerra de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. Fue talvez la última guerra simétrica en América, entre dos ejércitos dispuestos frente a frente para matarse, mirándose a la cara, previamente despedidos por sus familias. Al final de 70 días de horror el balance mortal fue una cifra estadística: 907 vidas perdidas: 649 de militares Argentinos, 255 de militares Británicos y 3 Civiles. Los gobernantes reclamaron la victoria, a Margareth Thatcher le sirvió para reelegirse, a la junta militar que ejercía la dictadura en Argentina le precipitó su caída y hoy el general Videla, cabeza del gobierno y decenas de sus altos mandos, están las cárceles condenados por crímenes de lesa humanidad cometidos en sus años de dictadura.


Por la misma época, hace 30 años, Colombia vivía en el régimen del miedo, del Estatuto de Seguridad (Decreto 1923 de Septiembre 6 de 1978) y del Estado de Sitio. Se produjo la primera gran oleada de exiliados forzosos entre los que se destacó Gabriel García Márquez y de defensores de derechos desaparecidos. Los estudiantes sabían que en cualquier madrugada, como en la noche de los lápices, podría venir un silencioso allanamiento y quedar convertidos en presos políticos. El miedo lo infundían los consejos de guerra en los que militares juzgaban a civiles y llenaban las cárceles con presos de conciencia. El presidente Turbay decía en el exterior: “el único preso político en Colombia soy yo”. Los grafitis anunciaban campos de tortura dirigidos por militares y libertad para los detenidos y en la Universidad Nacional, que era el referente de compromiso social y libertad, se iniciaba el desmonte del bienestar (residencias universitarias, cafeterías y otros contenidos básicos del derecho a la educación).

En medio del miedo que no logro derrotar a la esperanza, y ante la amenaza de cierre inminente por un déficit de 411 millones de pesos (aproximadamente 5 millones de dólares hoy), ocurrió lo que se conoció como el Movimiento de las Malvinas o Movimiento 10 de Mayo, que llevó a cientos de estudiantes a defender la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, que a finales de los años 70 vivió dos movimientos: el de Economía que en 1977 produjo el enfrentamiento de estudiantes y profesores divididos en dos grupos: Base y Deslinde, cuyo resultado después de una toma prolongada de las instalaciones de la Facultad fue la separación del cargo de la mayoría de profesores/as que enarbolaban ideas libertarias y en 1979 el Catedralazo, que ocurrió cuando un numeroso grupo de estudiantes ocupó la Catedral de Tunja (Plaza de Bolívar) exigiendo la libertad de un estudiante víctima de una presunta desaparición forzada.

Las Malvinas upetecistas constituyeron un punto de llegada de los conflictos de la década de los años 70 por libertades y representan quizá la más grande movilización de estudiantes que contó con el apoyo de diversos sectores sociales en defensa de un modo de pensar la universidad como patrimonio colectivo. Las Malvinas fueron resultado de múltiples y concurridas asambleas de estudiantes en las Residencias Universitarias (Juan de Castellanos), en el Reloj (patio central), en el Paraninfo y en algunos barrios de la ciudad. Se destacaban para la época las inigualables oratorias de buen número de activistas estudiantiles, que completaban de manera comprometida su formación universitaria en colectivos de trabajo, grupos de estudio, cafeterías, cine clubes, grupos culturales, grupos de teatro, periódicos, revistas, colonias y grupos políticos.

El Campamento lugar de convergencia
Las Malvinas comenzaron con una imponente concentración en la Plaza de Bolívar de Tunja. El Arzobispo Augusto Trujillo Arango (reconocido por su oratoria en el sermón de las 7 palabras de Semana Santa retransmitido por todas las emisoras del país), dio la bendición a los marchistas, que podían ser mas de 500 estudiantes, despedidos entre lágrimas y aplausos, porque se irían a defender la universidad, el patrimonio colectivo mejor resguardado. En los edificios de la plaza y a lo largo del camino ondeaban pañuelos blancos en señal de respaldo mientras en toda Boyacá se oía un solo grito “La universidad es del pueblo y el pueblo la defiende”. El destino era llegar a la capital (Bogotá), durante los próximos tres días. El primer día la marcha se detuvo al anochecer en Ventaquemada (pequeña ciudad de 10.000 habitantes). Allí sus gentes y sus gobernantes recibieron con banderas y pañuelos a los marchistas y dispusieron de los centros escolares para acomodar a los estudiantes. Al otro día la marcha reinicio temprano pero fue detenida por una gruesa línea de soldados apostados para la guerra en los límites de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca, a 30 Km de Tunja.

Los estudiantes instalaron carpas y la permanencia por varios días, dio lugar al Campamento las Malvinas o Movimiento 10 de Mayo, como lugar de convergencia, de encuentro. Había discusiones, lecturas en debate, elaboración de comunicados, distribución de tareas y en general actividades de responsabilidad colectiva. A las Asambleas se llegaba después de múltiples reuniones en las carpas por grupos de trabajo. En una de las Asambleas fue detenido un informante armado (espía), que fue entregado a una comisión en ceremonia especial. Al cabo de varios días, el gobierno ofreció girar a la universidad 211 millones de pesos de los 411 exigidos. Los estudiantes levantaron el Campamento que recibió el apoyo permanente y voluntario de profesores/as, pasajeros de buses, camioneros, campesinos de la vereda. Como acto simbólico el campamento se levantó una vez finalizado un partido de futbol entre los soldados y los estudiantes. El regreso al campus universitario fue triunfal, los estudiantes ovacionados. En Asamblea General se presentaron los alcances y resultados de las Malvinas y se preparó la agenda que diera continuidad al proceso organizativo. Se propuso avanzar hacia un Frente Nacional Estudiantil. La Uptc conformó el Comité de Integración Estudiantil (CIE) del que participaron estudiantes por facultades, por grupos culturales, por revistas, cine club, activistas y delegados de grupos políticos, quienes se encargaron de preparar el Congreso Nacional Estudiantil, que se realizó pocos meses después en el Teatro Fausto de Tunja, con participación de no menos de mil estudiantes en representación de más de cincuenta organizaciones estudiantiles, sociales, culturales y políticas del país, quienes en la declaración final convocaron a los estudiantes a fortalecer sus compromisos con la transformación política y social de Colombia y a buscar salidas de humanización a la guerra.

Jueves 26 de abril de 2012

(*) Corporación Colectivo de Abogados  José Alvear Restrepo,  Afiliado a la Federación Internacional de Derechos Humanos y a la Organización Mundial contra la Tortura
Estatus Consultivo en la OEA

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