Páginas

viernes, 11 de septiembre de 2020

La Policía colombiana, a imagen y semejanza de la gringa


A LA INDIGNACIÓN POPULAR, EL RÉGIMEN RESPONDIÓ CON UNA MASACRE

Por Luis Alfonso Mena S.

La reciente ola de actuaciones criminales de la Policía contra el pueblo colombiano retrata la descomposición del régimen corrompido en el poder.

 

El asesinato del abogado Javier Ordóñez, en la madrugada del miércoles 9 de septiembre, y la brutal represión contra la protesta ciudadana que repudiaba el crimen, así lo demuestran.

 

En la represión, la Policía masacró a siete jóvenes en Bogotá y a tres en la vecina Soacha, y dejó centenares de heridos y detenidos.

 

El oleaje represivo se trasladó a Cali, Popayán, Medellín, Barranquilla, Pereira, Tunja y muchas otras ciudades en las que este jueves 10 de septiembre miles de jóvenes y trabajadores salieron a las calles. Allí, más heridos, más detenidos.

 

La Policía se dedicó a actuar como una fuerza del miedo en los barrios populares de Bogotá, acrecentando el odio que su brutalidad ha sembrado, desde mucho tiempo atrás, en la población.

 

La ira es solo la reacción de la gente sometida durante años por la violencia de una Policía formada a imagen y semejanza de las policías de sus amos de la Casa Blanca.

 

El modo como fue torturado y asesinado Javier Ordóñez es fiel copia de la forma infame como gendarmes gringos mataron a George Floyd hace poco.

 

La Policía colombiana recoge lo peor de la historia de las Fuerzas Armadas al servicio de las oscuras élites godas de la época de La Violencia, encargadas de sembrar el terror arropadas de chulavita y pájaros.

 

Su escuela es anacrónica, inmersa aún en doctrinas de la Guerra Fría y del enemigo interno (la ciudadanía, a la que se supone, debería proteger).

 

Como fuerzas de ocupación

 

La gente en los barrios percibe y padece a la Policía, y también al Ejército, como fuerzas de ocupación, pletóricas de arbitrariedad y violación de elementales derechos ciudadanos.

 

Así que los llamados plagados de cinismo hechos por Iván Duque y su ministro de guerra, en el sentido de respaldar a la Policía, sin mencionar la matanza, lo único que ha generado es repudio.

 

En realidad, la Policía colombiana, así como el Ejército, son una cueva de impunidad: esa es la cortina de fondo de sus crímenes.

 

¿Por qué? Sencillamente porque ella, y él, hacen parte del aparato coercitivo del Estado bicéfalo colombiano, burgués-terrateniente, obedece y protege sus intereses de clase.

 

Así de sencillo. Por eso, sus integrantes humillan y torturan a la población: actúan como fuerza de ocupación, como les ha ensañado la escuela gringa.

 

Hay una sistematicidad en su comportamiento. No se trata de “manzanas podridas” ni de “casos aislados”. Se trata de políticas de Estado.

 

Los manuales del Pentágono los han amaestrado en actuar con desprecio por los derechos de los ciudadanos, en defensa del sistema capitalista y de sus diferentes formas de gobierno y regímenes de turno.

 

Todo está orientado a conservar y proteger el establecimiento, el statu quo, la base o estructura económica: el poder de la oligarquía colombiana.

 

Por eso, esa Policía no atiende a la población, la maltrata hasta el asesinato, como ha quedado demostrado, en miles y miles de denuncias y documentos.

 

Y para ello cuenta con la complicidad, el silencio y la manipulación de los medios de comunicación de las élites, que también hacen parte, como el aparato represivo y el aparato judicial, de la superestructura ideológica del Estado.

 

Teléfonos contra crimen y mordaza

 

Solo que ahora la gente cuenta con un adminículo que ayuda a enfrentar las mentiras oficial y mediática: el teléfono móvil.

 

El celular se ha convertido en una importante herramienta para documentar y dejar constancias irrefutables de los abusos y de los crímenes.

 

La persistencia de la arbitrariedad tiene agotada a la gente que, aún a riesgo de su propia vida, resiste y reta a los represores con su medio electrónico en la mano.

 

A él le teme ahora esa fuerza de ocupación policial, dotada de armas de choques eléctricos para torturar y de armas de fuego para matar.

 

El celular se ha constituido en el gran aliado de los reprimidos ante el silencio cobarde de los medios del sistema.

 

Es muy probable que sin esa herramienta en manos de un hombre valiente que grabó todo el episodio de la tortura a la que fue sometido Javier Ordóñez, este crimen hubiera pasado inadvertido.

 

Igual ocurrió con el caso de George Floyd en Minneapolis. Y de ahí la ira del ministro de guerra de Colombia, quien, muy al estilo uribista, ya anunció espionaje y persecución contra quienes usan las redes para la denuncia.

 

La vieja respuesta de echarle la culpa al mensajero. Un paso más del régimen hacia el fascismo, del que el gobierno Duque y sus funcionarios vienen dando tantas muestras.

 

Al deterioro de las condiciones de vida de la población, sumida en el desempleo acrecentado por el pésimo manejo de la pandemia por parte del gobierno, se suma ahora la espada de la violencia oficial.

 

Pero esa espada seguramente no pondrá detener la protesta social, que se avecina a casi un año de la histórica jornada del 21 de noviembre de 2019 y llevará a las calles a la gente, así tenga que desafiar el terrorismo de Estado.

 

“¿La Policía nos protege? No. Nosotros tenemos que protegernos de la Policía. Son unos asesinos”, decía en la mañana del 10 de septiembre una madre cabeza de hogar, con toda su familia desempleada, sin ayuda estatal y con un hijo enfermo de por vida.

 

Otro hijo suyo, de 23 años, que le ayuda en la brega por la sobrevivencia, se debate ahora en un hospital luchando por su vida, luego de ser herido por la Policía que, a sangre y fuego, reprimió la protesta en los barrios populares de Bogotá.

 

Miles y miles de ciudadanos en Colombia piensan como ella.

 

Cali, viernes 11 de septiembre de 2020.

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

En Bogotá y Cali, vuelve la represión policial

                         

Bogotá, tarde-noche del miércoles 9 de septiembre de 2020.

 Sector de La Viga, Pance, Cali, miércoles 9 de septiembre de 2020.

EN EL DÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS...

¡QUÉ HORROR!

 

Ospina, el alcalde verde de Cali, volvió a los desalojos en Pance para favorecer a los pulpos de las urbanizaciones de élites en Cali.


Y lo hizo sin sonrojarse, precisamente el Día de los Derechos Humanos... ¡Qué ironía!

 

El mismo día en que la Policía del régimen fascista imperante en Colombia torturaba y asesinaba, a la vista de todos, a un abogado de Bogotá, y luego masacraba a siete ciudadanos que protestaban contra la arbitrariedad y la villanía de la Policía.

 

¡Qué horror!

 

LAMS

 

Cali, jueves 10 de septiembre de 2020.


Nuevo libro de Luis Alfonso Mena S., próximo a aparecer

El libro se encuentra en imprenta. Dentro de una semana, en circulación.

       PERIODISMO INDEPENDIENTE EN COLOMBIA.

 La historia de la revista Alternativa (1974-1980)

 

En este 2020 se cumplen 40 años de la desaparición de la revista Alternativa, uno de los experimentos más impactantes y relevantes del periodismo independiente en Colombia.


La historia de Alternativa es también la historia de la sociedad, de las luchas obreras y populares y de la izquierda en una época crucial en Colombia, los años setenta del siglo XX.

 

Este libro hace un recorrido a lo largo de la historia de la revista Alternativa (1974-1980), trabajando sobre varios ejes fundamentales:


su aporte al periodismo alternativo e independiente en Colombia;


su configuración como núcleo de intelectuales en torno de un medio de comunicación definidamente de izquierda y de oposición al sistema oligárquico, que contó con la valiosa participación de Gabriel García Márquez;


su denuncia de los fenómenos que corroían el establecimiento y sus repercusiones en la sociedad;


su visibilización de las luchas obreras y populares y de la aparición de los movimientos insurgentes;


su contribución a la brega contra la represión política en Colombia;


su tarea como dique para enfrentar la arbitrariedad en los gobiernos de Misael Pastrana, Alfonso López y Julio César Turbay;


su rol de puente entre los numerosos partidos y grupos de la izquierda colombiana de los años de su circulación;


su denuncia de los efectos del régimen del Frente Nacional en el cierre de espacios democráticos;


su énfasis en la historia prohibida de nuestro país;


su cobertura de la política continental y mundial desde ópticas contrahegemónicas. 

  

Pedidos, al 317 300 47 85.

miércoles, 26 de agosto de 2020

¡Ya viene!

Libro del periodista Luis Alfonso Mena S., próximo a aparecer

Este libro hace un recorrido a lo largo de la historia de la revista Alternativa (1974-1980), trabajando sobre varios ejes fundamentales: su aporte a la lucha contra la represión en Colombia; su tarea como dique contra la arbitrariedad en los gobiernos de Pastrana, López y Turbay; su rol de puente entre los numerosísimos grupos de la izquierda colombiana de los años setenta del Siglo XX; su denuncia de los efectos del régimen del Frente Nacional en el cierre de espacios democráticos; su visibilización de las luchas obreras y populares y de la aparición de los movimientos insurgentes; su aporte al periodismo alternativo en el país; su configuración como núcleo de intelectuales en torno de un medio de comunicación definidamente de izquierda y de oposición al sistema oligárquico.

Pedidos al 317 300 47 85.

viernes, 7 de agosto de 2020

Ayer, contra el imperio español; hoy, contra el norteamericano

  

Una imagen de República Dominicana, cuando ocurrió el levantamiento popular en abril de 1965, reprimido con una invasión del imperialismo norteamericano. (Foto: victoriaoprimidos.wordpress.com/). 

LA VIGENCIA DEL ANTIIMPERIALISMO

 

Por Luis Alfonso Mena S.

Comparar a un país cercado criminalmente por el imperialismo norteamericano, como lo es la República Bolivariana de Venezuela, con el país que destruye Álvaro Uribe (hoy con detención domiciliaria), es un despropósito. Así esa comparación la hagan algunos dirigentes de la izquierda colombiana, con total desenfoque.

 

El modelo económico de independencia frente a los monopolios estadounidenses y las oligarquías internas en Venezuela desató el odio y toda la ofensiva criminal del imperialismo norteamericano y de sus lacayos desde el mismo momento en que asumió el gobierno el comandante Hugo Chávez.

 

(¿Recuerdan el golpe de Estado promovido por EE.UU., derrotado entre el 11 y el 13 de abril de 2002, contra el presidente Chávez y todas las agresiones posteriores?).

 

Es la política de reacción criminal automática de los halcones de la Casa Blanca contra todos los procesos independentistas en el mundo.

 

Lo han hecho a lo largo de toda la historia. No es sino mirar hacia atrás. Los ejemplos pululan.

 

En consecuencia, el principal enemigo de los pueblos hoy, como ayer, es el imperialismo norteamericano, al que obedecen sus lacayos internos, tipo Duque, Guaidó y demás títeres.

 

Derrotar a las oligarquías internas pasa por enfrentar al imperialismo, su amo y protector.

 

Lo demás es un cuento.

 

Todo proceso de cambio verdadero encontrará, automáticamente, la agresión del imperialismo norteamericano, del cual muchos en la “izquierda” ya no hablan, pero que sigue invadiendo y destruyendo pueblos.

 

Hoy, como ayer, los procesos revolucionarios deben saber que lo primero es prepararse para esa agresión.

 

Bolivia es un ejemplo palpable y actual de lo que pasa cuando no se entiende esa amenaza latente y se confía en el sistema jurídico y militar de la burguesía.

 

Creer que Biden es diferente a Trump es otro desenfoque. Tanto “republicanos” como “demócratas” son propulsores de las políticas imperialistas de agresión, invasión y sometimiento económico, cultural y militar de los pueblos que no se les arrodillan.

 

Por eso es tan importante la pluralidad en las relaciones internacionales para romper con la dependencia de Estados Unidos y de las potencias occidentales.

 

Por eso es tan importante la solidaridad internacionalista que tantos aprendimos desde jóvenes, y que muchos jóvenes de hoy no valoran.

 

Creo, en suma, que el antiimperialismo, que algunos niegan y/o esconden, está a la orden del día en la lucha del pueblo colombiano, a propósito de cumplirse hoy el aniversario 201 de la Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819.

 

La primera independencia que comandó nuestro Simón Bolívar contra el imperio español sigue esperando la segunda liberación, la del yugo del imperialismo norteamericano y de sus secuaces apátridas.

 

Cali, Colombia, viernes 7 de agosto de 2020.

 


viernes, 19 de junio de 2020

La solidaridad, un deber de los revolucionarios latinoamericanos




DESDE CALI, CON VENEZUELA, CUBA Y NICARAGUA

Así se desarrolló el Foro Soberanía, Territorio y Solidaridad Internacional

Periodismo Libre

Cali, viernes 19 de junio de 2020.

jueves, 18 de junio de 2020

Análisis, en PARÉNTESIS



EL PATRULLERO ZÚÑIGA Y LOS OBJETORES DE CONCIENCIA

Alberto Ramos Garbiras, expersonero de Cali, y Luis Alfonso Mena S., periodista y abogado, analizan los alcances jurídicos y sociales del caso del patrullero de la Policía Ángel Zúñiga, objetor de conciencia que se negó el martes 9 de junio a cumplir órdenes de desalojo a la fuerza de familias campesinas e indígenas del sector La Viga, en el sur de la capital del Valle del Cauca, un hecho de gran impacto nacional y que sigue generando la solidaridad de miles de colombianos.

Ramos y Mena auscultan las normas constitucionales y legales, los convenios internacionales y la jurisprudencia que respaldan la valerosa decisión de Zúñiga, actualmente sometido a un proceso disciplinario en la Policía Nacional, y evalúan su importancia en la lucha por la libertad de conciencia en el país.

Cámara y edición. Gabriel Jacobo Mena C.

Cali, miércoles 17 de junio de 2020.

miércoles, 10 de junio de 2020

Contrastes de lo que pasa en Cali, en días de pandemia y desalojos

Patrullero de la Policía de Cali Ángel Zúñiga. (Foto: redes sociales).
UN PATRULLERO VALIENTE, UNOS CONCEJALES SUMISOS

Por Luis Alfonso Mena S.
La valerosa actitud de Ángel Zúñiga, patrullero de la Policía de Cali que el martes 9 de junio de 2020 se negó a participar en el desalojo y la represión de personas sencillas en el sector La Viga, corregimiento de Pance, zona rural del sur de la capital del Valle del Cauca, evidencia que aún en las fuerzas coercitivas del Estado colombiano hay seres con conciencia social.

El patrullero, que fue detenido de inmediato por uno de sus superiores, no puede ser violentado ahora judicialmente, pues está amparado nada menos y nada más que por la Constitución Política de Colombia, que en su Artículo 18 establece la libertad de conciencia, que consecuencialmente habilita a todo ciudadano, y Zúñiga lo es, a no obrar en contra de sus principios y valores supremos.

Dice el referido Artículo superior de la CP: “Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias, ni compelido a revelarlas *ni obligado a actuar contra su conciencia”.

“Estamos en plena cuarentena y a esa gente la van a dejar desamparada, sola. Es algo injusto, yo soy policía, soy patrullero, yo me metí a ejercer es para proteger a los ciudadanos, no para ser abusivo contra ellos”, dijo Zúñiga al entregar su arma de dotación.

La actitud valiente, vehemente y consciente del patrullero Zúñiga ha concitado el respaldo de muy amplios sectores del país que rechazan, como él, la arbitrariedad y la injusticia.

Y contrasta con la posición de un amplio número de concejales de Cali, que en estos días se han negado a hacer control político a altos funcionarios de la Alcaldía de la ciudad por su manejo de contratos para enfrentar la pandemia del coronavirus.

Tampoco ha habido cuestionamientos a la Alcaldía de Cali por abusos como los que viene cometiendo en sucesivos desalojos, con lo cual se incumple una de las funciones primigenias de todo concejal: ejercer control político. ¡Tan cómodos y sumisos los ediles de la ciudad!

No hay que olvidar que un desafuero igual al que se comete contra habitantes de años en La Viga ocurrió el sábado 16 de mayo en predios del barrio Siloé, en el suroccidente de Cali, a donde el Alcalde de Cali, su Secretaria de Vivienda y su Secretario de Seguridad enviaron el Esmad de la Policía para que ejerciera represión en el desalojo.

“QUÉDATE SIN CASA”

El alcalde Jorge Iván Ospina, que tanto ha propalado la consigna del “quédate en casa para evitar el contagio del virus”, se ha dedicado en la actual pandemia a perseguir a los destechados y a dejarlos, precisamente, sin casa, a expensas de la amenaza de la covid-19.

Quienes alcanzaron a alegrarse cuando un grupo de cinco de los nuevos concejales se mostraron, hace meses, irreverentes frente a la vieja clase política y albergaron esperanzas de “renovación” en el Cabildo de Cali recibieron un portazo.

Parece que cuentan más los acuerdos y los puestos de la “bancada mayoritaria”, que los intereses colectivos de la sociedad caleña.

Y en cuanto a los desalojos, todo indica que los pulpos urbanizadores –de uribistas recalcitrantes, por lo demás–, están detrás de ellos.

Al alcalde se le olvidan varias normas vigentes. Por ejemplo, para no ir muy lejos, el Decreto Legislativo 579 del 15 de abril, que dice, en su Artículo 1: “Durante el período comprendido entre la vigencia del presente decreto y el treinta (30) de junio de 2020, se suspende la orden o ejecución de cualquier acción de desalojo dispuesta por autoridad judicial o administrativa…”.

También desconoce lo preceptuado en la Ley de Vivienda, la No. 1649 de 2011, en sus artículos 18 y 19, que está en concordancia con la el Artículo 51 de la Constitución Política: “Todos los colombianos tienen derecho a vivienda digna. El estado fijará las condiciones para hacer efectivo este derecho y promoverá planes de vivienda de interés social…”.

LECCIÓN ÉTICA

El patrullero Zúñiga está dando una lección de ética pública, de conciencia social y de valor civil. Y es preciso tener en cuenta, a propósito, que la Policía es un cuerpo armado, pero civil, de acuerdo con nuestra Carta Fundamental.

Su acto de objeción de conciencia debería servir, por lo menos, para que tantos cómodos y sumisos que se limitan a cumplir órdenes, reflexionen sobre el sistema de jurídico colombiano, un viejo y anquilosado escaparate repleto de leyes, unas que formulan derechos que se quedan solo en la letra y nunca se cumplen, y otras muy injustas, antiéticas e inmorales, establecidas para favorecer a los potentados dueños del país.

Ojalá la solidaridad nacional evite una sanción del establecimiento oligárquico, que ahora se rasgará las vestiduras contra el patrullero valiente.

APOSTILLA: El patrullero Ángel Zúñiga fue incomunicado de inmediato por el alto mando de la Policía, circunstancia que no ha ocurrido en otros casos como, por ejemplo, los de los dos agentes de la institución en Puerto Tejada, sindicados por la comunidad de su presunta responsabilidad en las muertes de los jóvenes Anderson Arboleda y Janner García. Trato diferenciado que llaman…

Cali, miércoles 10 de junio de 2020.

domingo, 7 de junio de 2020

La Noticia, en Paréntesis



TRABAJADORES DEL VALLE DEL CAUCA REPUDIAN LA PRESENCIA DE TROPAS YANQUIS EN COLOMBIA

Hablan Óscar Marino Valencia, Guillermo Domínguez y Ricardo Valbuena.

viernes, 5 de junio de 2020

La Noticia, en Paréntesis



“VOLVIMOS A LAS CALLES RECHAZANDO EL MERCADO CREADO EN TORNO DEL CORONAVIRUS”: DARWIN DUQUE

Darwin Duque, dirigente de la Asociación Nacional de Trabajadores de la Salud, Anthoc, intervino en el plantón de rechazo a las políticas impopulares de Duque, contra la presencia de tropas de EE.UU. en Colombia y contra las amenazas de invasión yanqui a la República Bolivariana de Venezuela.

El acto fue convocado por la CUT y otras fuerzas sociales y alternativas del Valle del Cauca y realizado en la Plazoleta de San Francisco de Cali, Colombia, este jueves 4 de junio de 2020.

La Noticia, en Paréntesis



“EL ESTABLECIMIENTO OLIGÁRQUICO HA HECHO DE LA COVID-19 UN INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN”: GILDARDO SILVA

Gildardo Silva Molina, dirigente de la Unión Patriótica del Valle, intervino en el plantón de rechazo a las políticas impopulares de Duque, contra la presencia de tropas de EE.UU. en Colombia y contra las amenazas de invasión yanqui a la República Bolivariana de Venezuela.

El acto fue convocado por la CUT y otras fuerzas sociales y alternativas del Valle del Cauca y realizado en la Plazoleta de San Francisco de Cali, Colombia, este jueves 4 de junio de 2020.

La Noticia, en Paréntesis



“EL CIUDADANO SE ENCUENTRA ENTRE LA ESPADA Y LA PARED: ENTRE EL VIRUS Y EL HAMBRE”

Eugenia Mosquera, dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Educación del Valle, Sutev, en Buenaventrua, intervino en el *plantón* de rechazo a las políticas impopulares de Duque, contra la presencia de tropas de EE.UU. en Colombia y contra las amenazas de invasión yanqui a la República Bolivariana de Venezuela.

El acto fue convocado por la CUT y otras fuerzas sociales y alternativas del Valle del Cauca y realizado en la Plazoleta de San Francisco de Cali, Colombia, este jueves 4 de junio de 2020.

jueves, 4 de junio de 2020

La Noticia, en Paréntesis



“NO NOS DEJEMOS PISOTEAR POR ESTE GOBIERNO NARCOPARAMILITAR”: LILIANA SARRIA

Liliana Sarria,  del movimiento Colombia Humana, intervino en el plantón de rechazo a las políticas impopulares de Duque, contra la presencia de tropas de EE.UU. en Colombia y contra las amenazas de invasión yanqui a la República Bolivariana de Venezuela.

El acto fue convocado por la CUT y otras fuerzas sociales y alternativas del Valle del Cauca y realizado en la Plazoleta de San Francisco de Cali, Colombia, este jueves 4 de junio de 2020.

La Noticia, en Paréntesis



"RECHAZAMOS QUE SE PROMUEVA UNA GUERRA CONTRA VENEZUELA"

Luis Fernando Jaramillo, dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Educación del Valle, Sutev, intervino en el plantón de rechazo a las políticas impopulares de Duque, contra la presencia de tropas de EE.UU. en Colombia y contra las amenazas de invasión yanqui a la República Bolivariana de Venezuela.

El acto fue convocado por la CUT y otras fuerzas sociales y alternativas del Valle del Cauca y realizado en la Plazoleta de San Francisco de Cali, Colombia, este jueves 4 de junio de 2020.

miércoles, 3 de junio de 2020

Testimonio del proceso de paz de una excombatiente de las Farc


Lida Ortiz, cuyo nombre en las Farc-EP era Amanda Rios. (Foto: Pazífico Noticias). 

“Se hablaba de lograr la paz, mientras veíamos morir a nuestros seres queridos”

Amanda Ríos (Lida Ortiz) rememora cómo vislumbraban ella y sus compañeros los caminos del Acuerdo de Paz de La Habana, desde las montañas del Cauca, sur de Colombia.  “Mientras nosotros desescalábamos las acciones ofensivas, el Gobierno aprovechaba para darnos golpes militares. ¡Qué cobardes!”, dice. “Nos levantábamos a las 4:50 de la mañana, y a las 5:15 ya estábamos en las aulas leyendo los documentos de La Habana”, recuerda. “¿Qué clase de Estado es este que desarma a una guerrilla que no estaba derrotada para dar paso a un plan de exterminio?”, reflexiona.

Por María Eugenia Muñoz Ramos (*)
“Recuerdo que una idea que siempre escuchamos e interiorizamos en nuestra vida guerrillera como parte de la formación que nos impartían en la organización era que debíamos luchar por alcanzar la paz con justicia social. A través de lo que leíamos en los documentos que resultaban de las conferencias y en otros textos que realizaron los antiguos comandantes desde los inicios de la organización, sabíamos que este era el objetivo central. Aunque era una meta difícil de alcanzar, ya que conocíamos la historia del país y el actuar que han tenido los gobiernos oligárquicos en Colombia.

La noticia de que se estaban adelantando diálogos exploratorios con el gobierno de Juan Manuel Santos fue una sorpresa para toda la guerrillerada. Personalmente me produjo sentimientos encontrados: por un lado, la alegría de pensar que podíamos arrimar a buen puerto y, por otro, me hizo reflexionar sobre todo lo que hemos vivido y el recuerdo de los camaradas que han caído, que dieron su vida por esta gran causa y que no están en este momento tan importante para el movimiento. Qué triste es traer a la memoria la famosa frase del camarada Alfonso Cano, en el intento fallido de los diálogos de Tlaxcala en México: “Nos vemos dentro de diez mil muertos”, y pensar que fueron más, la verdad, incontables. Él sabía de la necesidad imperante de parar la guerra. Los muertos no solamente fueron los nuestros, fueron de muchos otros sectores, pero tenían algo en común, todos eran del pueblo, pobres y oprimidos.

 El 18 de octubre de 2012 fue la instalación oficial de los diálogos en Oslo, Noruega, nos reunimos en el aula, aún en nuestros campamentos, y veíamos con mucha emoción el discurso sincero de Iván Marqués, donde se mostraba convencido del gran paso que estábamos dando. Pero a menos de un mes recibí un golpe inesperado. El 5 de noviembre mi socio fue asesinado, mi compañero, el poeta guerrillero Esteban Ramírez. ¡Qué tristeza tan inmensa saber que camino a la paz sentí el dolor desgarrador de perderlo! Él soñaba con la paz y la justicia social, y también con que íbamos a llegar juntos hasta hacernos viejos. Jamás imaginé que su Poema Si es que he de irme pronto, que escribió antes de partir para el curso de fuerza especial, donde fue vilmente asesinado por el Ejército, quedaría para siempre en mi memoria grabado con su propia voz, como el preludio de su despedida:

“Si es que he de irme pronto no quiero vuestro llanto,
quiero tu lucha, compañero.
Déjenme junto al barro y mi bandera,
yo que llevo la revolución en el alma,
hoy voy sin un sonido por la noche,
perdido en la clandestinidad de mi suerte”.

En esos días, el comandante había salido de la unidad y yo quedé a cargo del personal, me correspondía, pues, dar la fatídica noticia. Qué duro fue llorar en las noches hacía mis adentros, mientras en el día debía darle moral a la guerrillerada, y seguir adelante con las tareas que debíamos realizar. Qué contradicción: se hablaba de lograr la paz mientras veíamos morir a nuestros seres queridos.

El 19 de noviembre de 2012 se anunció el cese al fuego unilateral y temporal por parte de las Farc hasta el 20 de enero de 2013. Es en ese momento que comencé a ser consciente de que, en medio de este esfuerzo de paz, serían muchas más las vidas que seguiría cobrando el conflicto. Sin lugar a dudas, la sangre de las vidas entregadas alimentaba la sed del Gobierno por mantener su poder. Me preguntaba: ¿quiénes serían los próximos?

El 5 de mayo de 2013 fue asesinado el insigne comandante Carlos Patiño, ‘Caliche’, gran estratega comunista; lo conocí cuando estudiaba en la Universidad del Valle, siendo activista e integrante del Movimiento Bolivariano. En mis vacaciones solía trasladarme a los campamentos guerrilleros en el Cauca, y después de ires y venires decidí ingresar a las filas. En uno de estos viajes conocí a ‘Caliche’, en un campamento de la Columna Móvil Jacobo Arenas. Una de las mejores escuelas que recibí fueron las extensas conversaciones con él, quien gustosamente compartía las anécdotas que desde muy joven vivió en Casa Verde, uno de los campamentos más recordados de las Farc-EP, por allá a finales de los años ochenta.  En una de esas conversaciones le manifesté que debería escribir un libro con todas sus ricas vivencias. Me conmovió tanto su partida y lamenté no haber podido hacerle un homenaje en vida.

De esta forma, mientras nosotros desescalábamos nuestras acciones ofensivas, el Gobierno, que exigía muestras de paz, aprovechaba para darnos golpes militares. ‘¡Qué cobardes!’, pensé, ‘valerse de la situación para matar a nuestros comandantes’. Era claro: el gobierno de Juan Manuel Santos nunca renunció a la idea de triunfar militarmente. Es más, quiso mostrar nuestra voluntad de paz como una doblegación o una entrega producto de la derrota militar. Los ataques que recibimos, más que demostrar debilidad, dieron cuenta de nuestra férrea voluntad de paz, pero también se demostró la gran capacidad de regeneración de las Farc-EP, donde nuevos mandos asumieron la jefatura, siguiendo los principios ideológicos y políticos que nos habían guiado.

Amanda Ríos, en la etapa del proceso de paz.. (Foto: portal RT).
Esperábamos con ansías los momentos de la pedagogía

Los Acuerdos de La Habana parten de los principios que históricamente nos han caracterizado y también del acumulado del movimiento social que logramos construir entre diversos sectores del pueblo colombiano; en esa medida, la agenda anunciada en Oslo no nos era ajena. Sin embargo, lo que más causaba preocupación entre nosotros como combatientes era la dejación de las armas, que fue uno de los puntos a definir para llegar al fin del conflicto.

Posteriormente, la delegación de La Habana, que estaba conformada por un grupo de comandantes superiores de la organización, recogió a un número diverso y significativo de mandos y guerrilleros de base que tuvieron la oportunidad de aportar sus propuestas e ideas para nutrir los documentos de los acuerdos que se discutirían y definirían en Cuba.  Desde los campamentos mirábamos detenidamente los videos y los comunicados emanados desde la delegación de paz de La Habana. Esperábamos con ansias el momento en que volvieran los camaradas a realizar la pedagogía, pues queríamos escucharlos para acabar de aceptar lo que estaba pasando.

Fue por el mes de marzo de 2016 que nos desplazamos, guerrilleros, milicianos e integrantes de las estructuras urbanas, desde diferentes zonas del sur occidente colombiano, a Buenos Aires, Cauca, para recibir la primera pedagogía de los acuerdos de paz. Una vez organizados en nuestros campamentos, nos alistamos para encontrarnos con la delegación en un aula que tenía una capacidad para 700 unidades. Nos movilizamos por diferentes medios al lugar dispuesto para el aterrizaje. A la llegada del helicóptero, la tierra que levantaba no nos permitía verlos claramente, aunque sabíamos que en él venían los comandantes acompañados de un grupo de personas que formaban el componente de los países garantes.  Primero, divisamos a Pablo Catatumbo y a Victoria Sandino, después, fueron bajando otros camaradas que no conocía, pero ya había visto en televisión.  Algún camarada exclamó ingenuamente: ‘Miren, llegó un delegado de China’, y quienes alcanzamos a escucharlo sonreímos al ver que se trataba del camarada Pacho Chino.

La jornada educativa se inició con presentaciones en Power Point y, con la elocuencia que los caracterizaba, la delegación se dispuso a darnos la primera pedagogía. Era muy bonito escuchar lo que nos transmitían por sentir posible ese sueño. Aunque la consigna ‘Nada está acordado hasta que todo esté acordado’ era un imperativo, ya había avances considerables en cada uno de los puntos del acuerdo, por lo cual explicaban punto por punto y, al final de cada intervención, venían las preguntas. Las inquietudes eran muchas. Entre otras, recuerdo la preocupación que teníamos sobre el cumplimiento de las garantías. No queríamos que se repitiera la misma experiencia de la Unión Patriótica, o que nos fueran a encarcelar; también estaba la duda de si la dejación de las armas era en últimas su entrega. Esto se reiteraba porque la relación del guerrillero con el arma era muy fuerte, era la vida misma, era un símbolo de lucha y resistencia, además, sin ella nos sentíamos frágiles, aunque nuestro valor no se representaba por el solo hecho de portarlas, sino por la justeza de nuestros propósitos.

Particular impresión me generó la charla de Victoria, una de las guerrilleras que conformaba la comisión de La Habana, sobre el trabajo de las mujeres en Cuba. Se escuchaba en rumores de corrillos que ‘en La Habana estaba pasando algo raro con las viejas que estaban allá’, algo así como que se estaban volviendo locas. Ya en su conferencia, Victoria nos explica cómo se va configurando la Comisión de Género de las Farc y la Subcomisión de Género de las Mujeres que representaban al Gobierno. Fue un trabajo arduo que pocos compañeros entendieron. Las camaradas aparte de las responsabilidades que cada una asumía en la delegación, se levantaban desde la madrugada a estudiar lo relacionado con la cuestión de género y a organizar los argumentos para sustentar la idea de que se debía incluir como algo transversal a todo lo pactado. Lo propuesto por las compañeras dio frutos y se logró posicionar, lo cual era necesario, ya que sobre los hombros de la mujer ha caído el gran peso del conflicto.

A la par de la pedagogía, hubo una reunión de los comandantes del Bloque Occidental Alfonso Cano, en la que determinaron que debía trasladarme a la unidad guerrillera Manuel Cepeda Vargas, pues el camarada que estaba al frente de dicha unidad debía desplazarse a La Habana.  Aunque durante toda mi vida guerrillera estuve acostumbrada a estar en distintos frentes, fue un reto cambiar de unidad en este momento del proceso, lo que asumí con gran disposición, esmerándome por aportar en lo que más pudiera.

Lida Ortiz, dedicada a la defensa de la paz. (Foto: portal mujeresaseguir.com).
El 2 de octubre fue uno de los momentos más duros

Para ese entonces ya había de facto casi un cese bilateral.  Sin las afujias de la guerra, buena parte de la actividad estaba destinada al estudio, y en particular debíamos conocer y debatir las tesis preparativas para la discusión en la Décima Conferencia. Las Farc-EP siempre fuimos una guerrilla caracterizada por el cumplimiento de los lineamientos y orientaciones emanadas de las instancias superiores en el marco del principio leninista del centralismo democrático. Por ello, no fue difícil asimilar los grandes cambios que se venían dando.  Nos levantábamos como siempre a las 4:50 de la mañana y a las 5:15 ya estábamos en las aulas leyendo las tesis y los documentos de La Habana. Realizamos una gran asamblea donde escogimos a los delegados para participar en la Décima Conferencia, que fue la última como organización armada. En las Sabanas del Yarí, en los Llanos, se iban a recoger los aportes de las asambleas de todas las estructuras de las Farc-EP, de civiles y militares, de la ciudad y del campo. Esta conferencia fue de gran importancia.

El país y el mundo tenían los ojos puestos en lo que pasaba en La Habana, pudimos constatar que la construcción de los Acuerdos de Paz fue participativa, sobre todo por recoger las propuestas y aspiraciones de la sociedad colombiana y de las organizaciones sociales. Fue un acuerdo único en el mundo por incorporar muchos aspectos de avanzada, como la Jurisdicción Especial para la Paz y la inclusión de las víctimas como principales participantes. Por ello, sentimos que el Acuerdo fue incluyente y una obra magnífica que debió implementarse a cabalidad. Este Acuerdo se construyó para beneficiar al pueblo colombiano en general, no solo a los combatientes, pero hasta el día de hoy, el gobierno y los medios de comunicación han tergiversado toda la verdadera información, impulsando a que las personas sigan rechazando el proceso de paz.

Entre tanto, desde las montañas de Colombia, las jornadas de estudio alimentaban nuestra esperanza, las reuniones con las comunidades nos daban más moral, y en este ambiente de paz hicimos rumbas como dando la bienvenida a una nueva era.  En nuestros campamentos se encontraban también unos camaradas que habían tomado un curso para comenzar su misión de hacer parte del Mecanismo de Monitoreo y Verificación en varios departamentos, y junto a ellos hicimos pedagogía con las comunidades de la región. Fue una experiencia maravillosa el sentir la gran aceptación de las comunidades que, aunque con temores, tenían gran disposición para acompañarnos en el camino de la búsqueda de la paz.

El 2 de octubre de 2016 llegó uno de los momentos más duros del proceso de paz, fue el día que se votó el plebiscito, donde el pueblo colombiano debía expresar, dando su voto en las urnas, si estaban de acuerdo o no con los acuerdos. Rechazábamos la idea de que se realizara, pues si el Gobierno en verdad quería implementar el Acuerdo de Paz no era necesario un plebiscito.  Era claro que, aunque Juan Manuel Santos se distanció de Álvaro Uribe al inicio del proceso, su intención fue dejar lo relacionado con el proceso en manos de la derecha y que ella usara todas sus artimañas para quitarle su carácter progresista y democrático. Los delegados que viajaron a la Décima Conferencia jamás imaginaron que vivirían la incertidumbre generada por el resultado. Muchos camaradas nos contaban al llegar de los Llanos y al darse cuenta de que ganó el ‘NO’, que ya estaban alistándose para devolverse por la trocha, porque sentían la incertidumbre de lo que pudiera pasar después de esta decepcionante votación.

Desde este momento la derecha y todos los defensores de la oligarquía del país comenzaron a desdibujar el sentido del Acuerdo de Paz o, dicho de otra manera, comenzaron a ejecutar el plan de hacer trizas todo el proceso para dar fin al conflicto.  El Estado colombiano incumplió el Acuerdo y desde ese momento asistimos a una reedición de la política de exterminio en los tiempos de Uribe. Ha sido muy doloroso corroborar y enfrentar esta realidad.

Cuando el Estado colombiano firmó el Acuerdo de Paz, aceptó que existen unas causas históricas que dieron origen al conflicto interno, nuestra lucha siempre fue por superar esas causas, porque no soportamos las injusticias ni la desigualdad social, llevamos la revolución en el corazón. Luego, vinieron los asesinatos a los firmantes del Acuerdo, y mucha gente comenzó como siempre a justificar estos tristes hechos. Escuchábamos decir: ‘Por algo lo mataron’. Y la realidad era que todo se daba por la falta de compromiso y garantías del Gobierno con nosotros. Sí, nos sentíamos desprotegidos. Poco a poco la sangre se fue convirtiendo en ríos que llevaban el gran lamento de haber segado la vida de quienes decidieron dejar las armas para apostarle a la paz. Quienes tuvimos el honor de pertenecer a la guerrilla de las Farc-EP sabemos que una cosa es morir en el campo de batalla y otra es ser asesinado cobardemente. ¿Qué clase de Estado es este que desarma a una guerrilla que no estaba derrotada para luego dar paso a un plan de exterminio en contra de los firmantes que se comprometieron con su pueblo y cumplieron con la ilusión de ver un cambio en su país?

Con mucha nostalgia, pero con la dignidad que nos caracteriza como revolucionarios, digo que un Acuerdo de semejante trascendencia histórica no puede quedar en letra muerta. Colombia debe entender que la doctrina del odio es alimentada para enriquecer los bolsillos de la clase que está en el poder, la guerra con todo lo que conlleva no es la solución al conflicto social que sufre el país. Por esto, es necesario que nos juntemos todos y nos organicemos, porque el pueblo unido es más fuerte, y así nuestro propósito de construir un país que viva en paz con justicia social permanezca intacto”.

(*) Estudiante de comunicación social y periodismo de la Universidad del Valle.

Cali, Colombia, miércoles 3 de junio de 2020.